Si bien anunciado como Curso de Meditación, esta no es otra actividad más, ni otra experiencia que sumar a la lista. Más bien, se trata de una ventana a un espacio diferente, una oportunidad de cambiar de rumbo, de sentarnos al lado del camino y escuchar, de sumergirnos en el no tiempo, de iniciar un viaje insospechado.
De la mano de Piedad, con sus palabras certeras, su calidez y fuerza, y de Ana, con su dulzura arropante y tranquilizadora, nos hemos adentrado en esta aventura de navegar juntas hacia dentro, cada una a su ritmo, abriendo nuestras propias puertas internas al compás de nuestras posibilidades, a veces durante apenas unos instantes, para aprender a reconocernos y a valorarnos.
Gracias por este espacio compartido tan necesario e inspirador, tan cercano como ilimitado.
Renovadas, con el eco de nuestro propio silencio aún resonando en el interior, continuamos el camino.