Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!
Saramago
sábado, 23 de agosto de 2014

Sencillez y felicidad



Cuántas veces nos creemos los reyes del mambo.
Cuántas veces miramos por encima del hombre.
Cuántas veces vamos por ahí engreidos y perdonavidas.
Cuántas veces...
Y, quizás la clave esté en la sencillez.
En darnos cuenta que no estamos solos...
viernes, 22 de agosto de 2014

Calla



Cuando no comprendas,
cuando te sorprenda el dolor
y te agarre la tristeza por el cuello,
cuando sientas que te puedes ahogar
y que te cuesta respirar,
cuando la vida te golpee en los riñones y en la espalda...

mejor CALLA, respira, escucha.


jueves, 21 de agosto de 2014

La creatividad
en la vida cotidiana

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla

No solamente  Picasso, Freud, Quevedo o Miguel Angel fueron creativos; también el padre de familia, el conductor del autobús o el tendero de la esquina pueden desarrollar y manifestar su creatividad. Existe, pues, la creatividad artística y científica, que es patrimonio de unos pocos, pero también existe la creatividad en la vida cotidiana: la mía o la tuya querido lector. Esta reflexión se refiere a esta última.

¿Qué es la creatividad?

Crear es salir de sí mismo y dar forma a una idea, a una inspiración o a una fantasía. El creador se transforma y es como si fuera otra persona. Por este motivo, alguien ha definido a la creatividad como una “experiencia vital”. Al crear es como si rompiésemos la tendencia que nos lleva al aburrimiento, a la repetición por la repetición. Crear es tomar conciencia de uno mismo, de sus posibilidades y ponerlas en acto. La madre que cuida con ternura y esmero, no rutinariamente, a su bebé; el labrador que disfruta preparando la tierra para la siembra o el estudiante que intenta asimilar, no solo memorizar, un texto, etc.  todos ellos, de alguna manera están creando.

Creatividad en la vida cotidiana

En este sentido somos creativos cuando ante cualquier problema o conflicto, o ante cualquier acción a solucionar, no respondemos de forma automática, sino que optamos por una nueva alternativa. Así podemos realizar nuestro trabajo profesional de forma creativa o no. Por ejemplo, un profesor puede dar sus clases a regañadientes y sufriendo por el comportamiento de sus alumnos, o hacerlo porque es una forma de ganarse la vida, o de forma creativa disfrutando por ayudar a sus alumnos a ser más cultos y sobre todo mejores personas.

También, somos creativos cuando tenemos que componer un enchufe y no tenemos las herramientas adecuadas, pero nos las arreglamos para solucionar el problema; o cuando tenemos que cocinar y preparar una comida y nos falta algún ingrediente pero al final la comida es muy apetitosa; o cuando nos gustaría ir a algún sitio y no tenemos medio de  locomoción, pero conseguimos llegar. En esta y en otras miles de situaciones de la vida cotidiana podemos y debemos ser creativos. He aquí otros “hechos creativos”:

  • Si cuido a un familiar enfermo, no solamente atendiendo a sus necesidades fisiológicas (higiene personal, alimentación, etc.) sino preocupándome por su sentir y creando un espacio acogedor donde pueda expresar sus emociones y de esta forma aminorar sus sufrimientos… estoy creando.
  • Si espero a mi esposo/a o a mi hijo/a que vuelve de su trabajo o de una velada festiva, pero no solamente contando los minutos que pasan, sino preocupándome porque encuentren un hogar acogedor…estoy  creando.
  • Si ante la escucha de un problema de un familiar o amigo, no oigo las palabras como el que “oye llover”, sino que intento comprender sus sentimientos... estoy creando.
  • Si escucho el relato de un amigo, de sus trágicas vacaciones, donde ha fallecido su hijo de cinco años y no me quedo en los detalles morbosos del accidente… estoy creando.

La creatividad en la vida doméstica, pues, no implica descubrir un nuevo aparato, ni pintar un cuadro, ni ser un ser extraño. Se crea en la cocina  preparando una comida diferente y se puede incluso crear en el mismo puesto de trabajo, aunque sea tan rutinario como estar en una cadena de montaje, si todos los días se presenta como diferentes al resto. En definitiva, la creatividad cotidiana nos facilita ser más felices.


miércoles, 20 de agosto de 2014
martes, 19 de agosto de 2014

Abrirse a lo desconocido

Consuelo Martín

Para dar paso al silencio tenemos que dejarlo todo. Nos parece que nos quedamos en silencio y no encontramos ahí nada, porque estamos esperando encontrar sensaciones, emociones e ideas. Soltando las sensaciones agradables y desagradables, las emociones positivas y negativas y toda clase de ideas o juicios, me abriré al silencio desconocido. Dejaré de dar realidad a ese mundo hecho de ideas y descubriré la realidad que me realiza en el silencio creador. Simplemente dejaré lo conocido para abrirme a lo desconocido.

No buscaré nada, porque todo lo que busque lo buscaré a través de ideas. No me esforzaré en nada, porque todo esfuerzo supone la idea de un yo que quiere afirmarse. Dejaré que las cosas sean lo que son, que las sensaciones aparezcan y desaparezcan en la superficie de mi conciencia, que los pensamientos atraviesen mi mente pensante. Y me mantendré sin nada, a la expectativa de lo real desconocido, despierto, alerta a este instante de conciencia lúcida. La plenitud está en lo real y lo real sólo aparece en este instante presente.

Escucho el silencio, y al escuchar se borran los pensamientos, los recuerdos, las experiencias pasadas y las deseadas para el futuro. Este silencio lo borra todo. Y el cristal de mi mente queda limpio, transparente para reflejar la luz. El silencio suaviza todas las estrías puntiagudas del psiquismo egocentrado, deshace todos los nudos emocionales haciendo desaparecer la angustia y la preocupación de la ambición y el miedo. Escucho el silencio y me descubro libre, libre desde dentro, libre para vivir la plenitud que soy.

Cuando ya no busco ninguna alegría en particular me encuentro con la alegría total, cuando ya no busco ninguna satisfacción, descubro la felicidad plena. La presencia de lo real se empieza a sentir en la paz de este silencio. Permanezco así, lúcido, escuchando, contemplando y el silencio se va creando y me va creando. Descubro esa plenitud desconocida en la quietud callada de mi conciencia despierta.

lunes, 18 de agosto de 2014

Busco gente feliz



Salí como Diógenes, a plena luz del día, a las calles y a las plazas de mi ciudad:
- Busco una persona feliz y solidaria.
Todos se reían de mi y me decían: ¡Pobre, idiota!
Os aseguro que mi búsqueda no fue infructuosa.

domingo, 17 de agosto de 2014

«Una flor
en medio del camino»

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
En primer plano, Foto Jesús Aguado

Con frecuencia recojo flores en el monte. Las agrupo en pequeños ramilletes y elaboro con ellas cestas decorativas de agradable olor. Por ello, en cada paseo campestre, acostumbro a mirar a mi alrededor en busca de flores.

A veces me encuentro una flor solitaria, rodeada de piedras y tierra, en medio de una senda. Y me hace gracia. Puede tratarse de una margarita, un brote de roble, una flor de manzanilla, un espliego… En cualquier caso, una sola.

Me recuerda a ese tipo de personas que siempre están en medio de todo, llamando la atención como pueden, porque es su forma de reconocerse y valorarse. Aislados del grupo porque se creen diferentes y huidizos de todo lo que suene a colectivo o público por temor a contaminarse. Van de únicos y especiales y, a veces, tan sólo consiguen que se les pise y se pase por encima de ellos. O se les evite. Triste, ¿no?

De hecho, yo no suelo arrancar esa flor solitaria para mis propósitos. Simplemente la miro y paso de largo. Allí se queda, en medio del camino. A pesar de llamar mi atención, no la elijo para la elaboración de mis cestas.

Así también esas personas “especiales” atraen, llaman la atención, pero acaban sin formar parte de ningún proyecto, porque en los proyectos –a pesar de la diversidad– todos son uno.