Cuando se quiere se puede
Mariano, persona ciega
martes, 24 de mayo de 2016

Ayuda a tus hijos a crecer

Rosa
He realizado un curso denominado "Ayuda a tus hijos a crecer", doy gracias por haberme llegado, a pesar de que mi hijo ya tiene dieciocho años, y pienso si me hubiera llegado antes, toda esta información extra, mi camino hubiera sido mas llevadero, pero como he aprendido " vino cuando tenia que llegar, igual no hubiera estado tan receptiva.
El curso ha supuesto para mi, un crecimiento hacia dentro de mi persona, como me relacionó conmigo misma, para poder mejorar la relación con mi hijo, han aflorado miedos ocultos, que han hecho que me plantee las cosas con mas fuerza e ilusión
Ha sido una novedad para mi, cómo se ha llevado a cabo, la exposición individual y la participación colectiva, por la gente que en él ha participado y he conocido, el calor humano que he recibido, el clima de apoyo mutuo que se respiraba sin ningún tipo de juicio.
Esa cita todos los lunes por la tarde era como un relax, vida para mi alma, compartir con mis compañeras inquietudes, dudas y miedos, escucharlas a ellas me ha reconfortado mucho, que la semana se afrontaba con otra cara.
He aprendido que para ayudar a mi hijo a crecer, tengo que conocerle en todos sus aspectos, desde sus atenciones físicas, hasta su forma de ser, pensar  y decidir. Estar pendiente y ayudar a desarrollar, su parte biológica, racional, emocional y social.
He aprendido que él se sentirá seguro en su aprendizaje y en la toma de decisiones, con un estilo educativo democrático, aunque en algunas situaciones puede ser conveniente utilizar otro estilo educativo, que pueda puntualmente ser mas eficaz.
He aprendido que mis sentimientos tristeza,rabia,ira,culpa,miedo,etc, no son muestra de debilidad, aunque no nos guste sentirlos, tengo que aprender a lidiar con ello y expresarlos adecuadamente. Las emociones son valiosísimas, mas debo atenderle, quererle y escucharle sin juzgarle.
He aprendido que las normas y los limites son imprescindibles, les genera seguridad y protección, les ayuda saber a que atenerse, van creando su propia escala de valores.
He aprendido que los conflictos son una oportunidad para salvar las diferencias y crecer juntos, es un ejercicio de tolerancia, siendo muy importante la negociación.
He aprendido que yo hablo mucho, me enfado y no escucho y debo escuchar mas a mi hijo.
De entre todos los temas que se han abordado, el mas importante ha sido los MENSAJES EN PRIMERA PERSONA Y EN PRESENTE, donde expreso mis sentimientos y opiniones, tanto positivos como negativos, sin herirle ni atacarle y no crear una lucha de poder.
lunes, 23 de mayo de 2016

Las necesidades humanas "La seguridad"

Pax Vostrum
Beatriz

En el anterior post te prometí que iba a seguir hablándote de las necesidades humanas según el “Coaching de intervención estratégica”  y de los vehículos que utilizamos para cubrirlas.    (Es una formación que estoy realizando actualmente, que me está entusiasmando y aportando muy buenas herramientas de crecimiento).  
Desde esta disciplina existen seis necesidades básicas que todo ser humano tiene, necesidades que cubrimos mediante nuestras acciones y hábitos.
A las cuatro primeras se las llama necesidades básicas y son la seguridad, la variedad, la importancia y el amor/conexión.  A las dos siguientes se las llama necesidades espirituales y son el crecimiento y la contribución.
En el anterior post te hablé de una de ellas, de la variedad y de los vehículos que utilizamos para cubrirla.  ¿Ya tienes fichados todos tus vehículos? ¿Ya tienes identificados los hábitos, acciones, cosas que haces para tener sensación de variedad?
Hoy te voy a hablar (más bien vas a leer, je,je…)  sobre la necesidad de seguridad.   
Todos queremos sentirnos seguros, queremos evitar el dolor, el sufrimiento y sentirnos cómodos en nuestro entorno.     Necesitamos tener sensación de que nuestra vida es segura, que tenemos comida, techo y afecto.
Por supuesto, cada persona en  mayor o menor medida. 
Hay gente que necesite mucha seguridad y que no estaría dispuesta “jamás de los jamases” a hacer determinadas cosas y otras que lo contrario.
Muchas veces queremos tener variedad en nuestra vida, queremos hacer cosas diferentes, tener nuevas experiencias, arriesgar, lanzarnos a algo,  pero tenemos una necesidad de seguridad de fondo tan grande que nos paraliza e impide hacer nada nuevo.
Por todo ello es esclarecedor conocer nuestra jerarquía de necesidades.    ¿Cómo ordenarías tú esas seis necesidades?  No me refiero a lo que te gustaría, sino a lo que haces operativamente en tu día a día.  ¿A qué das prioridad? 
Pregúntate lo siguiente:    ¿Prefieres tener amor o conexión con las personas aunque eso implique riesgos? ¿Amas a las personas aunque ellas no te amen a ti, o prefieres sentir primero que te aman para entregarte?  ¿Eres de los que dice que mejor solo que mal acompañado? ¿Prefieres contribuir y aportar a los demás aunque te suponga exponerte, equivocarte, arriesgar y que te juzguen? ¿Te gusta crecer y avanzar, o prefieres quedarte donde estás y no moverte mucho?  ¿Suscribes el dicho más vale malo conocido que bueno por conocer? ¿O eres de los que piensan que lo mejor está por llegar?  ¿Necesitas hacer muchas cosas diferentes cada día? ¿O te agobia tener muchas tareas?
No tienes que juzgarte, no está bien ni mal… simplemente son tus necesidades actuales y es la foto de tu momento presente.  Muchas veces, el orden no es nuestro, lo hemos heredado, nos ha venido impuesto, o lo hemos establecido así para protegernos, para prevenirnos de algo, para no sufrir, etc. Cuando esto sucede, suele haber conflictos en nuestra vida, porque lo que queremos no coincide con lo que hacemos.    De ahí la importancia de conocer tus necesidades reales, aquellas que tu corazón demanda.
La comida, el tabaco, las drogas, el alcohol, rezar, la fe, la espiritualidad, el trabajo, las rutinas, los hijos, la pareja... son algunos ejemplos de los vehículos que utilizamos para cubrir nuestra necesidad de seguridad, pero hay muchos más.  ¿Cuáles dirías que son los tuyos?  ¿Qué es lo que haces en tu vida para tener sensación de seguridad?  Y esos vehículos que utilizas, ¿son buenos para ti? ¿Son buenos para los demás? ¿Y son sostenibles en el tiempo?  La clave está en cambiar aquellos vehículos que nos limitan, que nos hacen daño, que nos son buenos para nosotros, por otros más ecológicos y sanos para nosotros, porque la necesidad de seguridad la tenemos que cubrir sí o sí.
Para el próximo mes te cuento un poco más acerca de estos vehículos y de otra de nuestras necesidades, así vas haciendo tu puzzle, hasta que todas las piezas encajen.
Un fuerte abrazo. 


domingo, 22 de mayo de 2016

Renacer

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

En flor, foto Mariaje

Siempre la Naturaleza ha sido para mí una fuente de alegría vital, de esperanza, de ilusión y de aprendizaje.

Cuando camino por parques, bosques o campos y veo los árboles brotando, las pequeñas flores asomando y el cambio de colorido ambiental, no dejo de asombrarme del milagro de la vida. Me pregunto cómo es posible que de unas ramas, aparentemente secas, puedan surgir esos brotes nuevos; cómo de un suelo yermo y gris nazca un verde tan intenso y unas flores tan vistosas; y cómo un paisaje tan apagado y frío se vaya convirtiendo, poco a poco,  en un tapiz multicolor.

Si esto es posible –Y lo es, porque lo estoy viendo– cualquier cosa puede serlo, por imposible que parezca.

Si un árbol brota de colorido y vida ¿cómo no vamos a brotar nosotros de lo mismo? Si un campo muerto sonríe de nuevo al sol, mostrando toda su hermosura ¿cómo no podremos nosotros mostrar la nuestra, si hemos sido mojados por la misma lluvia y ateridos por el mismo frío? Si las flores nacen una año tras otro a consecuencia de las semillas llevadas por el viento ¿cómo no nosotros?

Renacer es una fiesta en sí mismo. Y celebrarlo, otra.

Es darnos más oportunidades de aprender, de entender, de seguir creciendo, de experimentar en nuestra vida, de VIVIR (así, en mayúsculas), de encontrar sentido, de encajar las piezas del puzzle, de perdonar, de liberarnos, de dejarnos asombrar, de fluir…

Basta mirar los esqueléticos cerezos en flor para darnos cuenta de esto.

sábado, 21 de mayo de 2016

No dejes de soñar




Hay una estrella en tu interior, 
Ya sé que no la puedes ver. 
Hay tanta luz que se apagó, 
Ya sé que tu dolor se fue. 

Y cuéntame, puedes contar, 
No juzgaré tus pasos. 
¡Escúchame, te escucharé! 

Pusiste todo el corazón. 
Al final todo salió mal. 
Mi corazón se equivocó, 
Pero tu amor era verdad. 
La realidad puede pesar dentro de ti, amiga 

¡Te quiero! ¡Te quiero! amiga. 
¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 

Cuando preguntes el porqué, 
Comienza por pensar en ti. 

Cuando te olvides otra vez, 
Empieza por quererte a ti. 

Y cuéntame, puedes contar, 
Conmigo a cada paso. 
¡Escúchame, te escucharé! 

Porque la vida tuya es, 
Y siempre tienes que luchar. 
Y a veces tienes que perder, 
Para luego poder ganar; 
Para sentir, para vivir, 
Para soñar, ¡amigo! 

¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡Te quiero! ¡Te quiero! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar, amigo! 
¡Eh tú, no dejes de soñar! 
¡No dejes de soñar! 
¡Oh, oh, oh, oh, oh, oh,... ! 
¡No dejes de soñar! 

¡Oh, oh, oh, oh, oh, oh,... !
viernes, 20 de mayo de 2016

Familias de acogida

Isabel Herrera
LA NUEVA CRONICA DE LEON | MAYO 2016

"Se van, pero la felicidad que te dejan es más grande, compensa"
Elisabet y Pablo relatan su experiencia
como familia de acogida
Elisabet y Pablo no han renunciado a tener hijos biológicos, pero, mientras llegan y no, ejercen como padres de acogida. Ella llevaba tiempo con ganas de atender la petición de aquel cartel que veía a diario en su centro de trabajo con la foto de un niño y la frase ‘Necesito una familia’. Pero él tenía sus temores por aquello de que luego ‘te los quitan’. Hasta que un día le pilló con la guardia baja y aceptó, y Elisabet no perdió la oportunidad y fue corriendo, cuenta, a Cruz Roja, para solicitar información. Era febrero de 2014 y, desde entonces hasta hoy, el proceso no ha parado. En junio de ese año hicieron el curso de formación, pasaron todas las entrevistas de valoración pertinentes, recibieron el ‘apto’ como familia acogedora en octubre de ese año y a día de hoy están a la espera de que les llegue otro niño, el tercero ya, y éste con perspectivas de cuidarlo hasta que cumpla los 18 (tiene seis años, para siete). 
No llevaban ni una semana en la bolsa de familias de acogida cuando recibieron el primer ofrecimiento, un bebé que estaba hospitalizado y que requería muchas atenciones. Dijeron sí, pero la salud del menor se complicó gravemente esos días y ya, lo que necesitaba el niño, no era una familia, «eran un médico y un enfermero». Y eso que se fueron con él hasta Burgos, pero no, su primera experiencia como familia de acogida no duró mucho. «Así, para empezar, una experiencia un poco fuerte», reconoce Elisabet. En todo caso no renunciaron y, a finales de noviembre de 2014 volvieron a llamar de Cruz Roja, otro niño, Óscar.
Cuando le vieron por primera vez en el centro de acogida en el que estaba tenía dos años y medio. Fue conocerlo y entrarles la prisa por tenerlo en casa. Y eso que asegura que todo el miedo que no pasas durante el proceso te entra cuando te llaman, «más que miedo, vértigo, porque por mucho que te prepares no sabes a quién vas a traer para casa, es una personilla con su carácter, aunque sean bebés, vienen de vivir cosas».
En aquella primera visita recuerda que Óscar ni se arrimó a ellos, «nos miraba de lejos, jugábamos nosotros y él observaba, que yo decía, no sé si este niño vendrá para casa...». Pero al día siguiente, cuando volvieron a verle –porque hay un proceso de adaptación antes de firmar el acogimiento– lo primero que preguntó Óscar fue dónde estaba «Pamblio». Quería decir Pablo, pero lo dijera como lo dijera el caso es que ya los había aceptado. «De ahí en adelante lo fuimos sacando a ratitos por lar tardes, luego ya días enteros... y si al principio no quería vernos, luego el problema era volver a entrar al centro, pero bueno, eso también sirve para que se vincule más a ti, que yo entonces no lo entendía, pero ahora sí». 
Óscar llegó a casa de Elisabet y Pablo el 15 de diciembre de 2014, «ese día es la leche, vamos». Y eso que «al principio es muy difícil, no sabes si vas a ser capaz, pero vamos, yo creo que no habían pasado ni 15 días cuando ya era de casa». Iba a ser un acogimiento para seis meses y al final fueron 15. Óscar ha estado con ellos hasta el pasado 21 de marzo, y le echan de menos, claro que le echan de menos, pero compensa. «La gente te suele llamar loca, te dicen que te los quitan, que es para sufrir, pero... sí, yo he sufrido mucho, pero el beneficio de felicidad es mucho más grande, compensa».
¿Anécdotas? Un millón. «Yo hay una cosa que tengo grabada –dice Elisabet–, un día del verano cuando yo llegaba a casa de trabajar y el niño estaba allí con mi marido y, según abrí la puerta, oí ‘¡mamá!, sin enseñarle, porque nunca quise que aprendiera, mi posición no era la de madre, pero ese día me dio un pinchazo muy grande, y dices, eso es porque lo estoy haciendo bien; y es que al final es lo que tiene en casa, una madre y un padre».
«Son muchas cosas las que vives; además mi mentalidad es la de exprimirlo al máximo porque como sabía que se iba a ir... yo quería correr, todos los fines de semana teníamos algo para hacer. Me decían: «Pero deja algo para la familia que se lo lleve en adopción que se va a conocer España», y yo decía que ya repetiría, lo que queríamos era dejarle experiencias porque quizá lo que viva contigo se le va a poder olvidar, pero si va por ejemplo a Carbárceno se va a acordar de que ahí ya estuvo con tres añines y medio, o salir de papón, donde está ya no lo va a ver», explica. 
«Vino un bebé y se marchó un hombrecito», cuenta Elisabet, que asegura que claro que lloras cuando se va, «sobre todo cuando ya sabes que se va a ir porque, una vez que llega el día, dices, si es que es lo que es, no me queda otra; el vacío es muy grande, recoger todas sus cosas es muy difícil, pero bueno, así me obligo a hacer sitio para lo que viene, y en vez de ser la habitación de uno será la habitación de dos, porque no pienso quitar el nombre de Óscar de la puerta, iremos añadiendo», relata.
Eso sí, la habitación cambiará para que «no sea ‘la habitación de Óscar’ y sea ‘la habitación de...’ el que viene», el nuevo miembro de la familia.
La historia de Elisabet y Pablo como familia de acogida es sólo una de las cerca de cien que conviven en la provincia de León. Y todas son pocas, porque cada poco llegan necesidades, niños que necesitan familias que les cuiden, en las que crecer, mientras se resuelve su situación, bien con su familia biológica bien con una familia de adopción.
Y como dice Elisabet, si tienes un mínimo de curiosidad, «inténtalo, con conocimiento eso sí, de principio a fin, y la verdad, una vez que has probado... yo conozco a pocas familias que no hayan repetido».
jueves, 19 de mayo de 2016

Sobre mí

Caligrafía de emociones
Jose


Quiero escuchar
de cosas positivas,
la hermosura de las rosas,
el vuelo de las aves
las plantas frescas y alegres,
voces de niños que cantan…

Quiero escuchar buenos rumores…
miércoles, 18 de mayo de 2016

Resiliencia y vulnerabilidad

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Resiliencia es una palabra que proviene del latín resilire, que significa “volver a saltar”. Es un concepto utilizado en las ciencias físicas para describir “la capacidad que tiene un material para recobrar la forma original, después de someterse a una presión deformadora”. En los años setenta, del siglo pasado, fue utilizado en sociología para describir a las personas que pese a haber sufrido graves trastornos económicos eran capaces de recuperar una estabilidad psicológica, que les permitía afrontar la situación crítica de una forma sana y creadora. Fue en los años ochenta y noventa cuando el concepto se retomó por la psicología para definir la aptitud de las personas que tras haber sufrido graves conflictos (malos tratos en la infancia, pérdidas traumáticas, situaciones familiares claramente disfuncionales, etc.) eran capaces de mantener un equilibrio mental, que les proporcionaba paz y tranquilidad. Así, pues, con esta palabra queremos señalar a todos los individuos que tras la adversidad son capaces de recuperar su bienestar para proseguir con una vida productiva, en definitiva, que han sabido crecer en la crisis .
De aquí podemos concluir que la capacidad resiliente del ser humano, tiene dos aspectos: uno, la resistencia a la destrucción y otro, la capacidad para reconstruir sobre circunstancias adversas. Es lo que en el ámbito coloquial queremos decir con algunos de los siguientes dichos populares: “hacer tripas corazón”, o “sacar fuerza de flaquezas” o “no hay mal que por bien no venga”. Todos ellos lo que están indicando es que la persona tiene un aspecto positivo, que la hace acreedora para superar los tropezones, que se produzcan en su existencia. Desde luego que es una visión optimista de las posibilidades del ser humano y que se centra más “en lo que tiene”, que en lo “que le falta”.   
La resiliencia no la podemos confundir ni con una resistencia total y absoluta al daño, ni mucho menos supone una aptitud para evitar toda situación conflictiva, ni tampoco es una cualidad inalterable del individuo. Es una capacidad de toda persona, que puede desarrollarse o no, y por lo tanto es susceptible de modificación, tanto en el sentido de fortalecerse como el llegar al debilitamiento total.
Cyrulnik (2002) en la conclusión de su célebre libro Los patitos feos insiste  en que la resiliencia “es un proceso, de un conjunto de fenómenos armonizados en el que el sujeto se cuela en un contexto afectivo, social y cultural. La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes”.
De aquí se deduce la importancia de la propia biografía de cada persona, pues es donde se ha ido construyendo su característica resiliente.
Una demostración de esto, es un estudio realizado tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, donde se pone de manifiesto que, si bien en una primera evaluación realizada un mes después de los atentados, la prevalencia del trastorno postraumático en la población en general era de 7,5%, pero seis meses después, este porcentaje había descendido a un 0,6%. Es decir, la mayoría de las personas afectadas por los atentados de las Torres Gemelas había seguido un proceso de recuperación natural, donde los síntomas desaparecen y vuelve a un nivel de funcionamiento normal. Eran, pues, personas resilientes.