Deja que la piedrecita de la ALEGRÍA entre en tu corazón y quede ahí y la puedas ofrecer y dar también a los demás.
Javi
lunes, 27 de febrero de 2017

El poder del silencio (Primera parte)

Pax Vostrum
Beatriz

El poder del silencio  es el título del V Foro de Espiritualidad de la Universidad Popular de Logroño que tuvo lugar en esa ciudad hace unas semanas y al que tuve el placer de asistir.
La temática del Foro era la siguiente:
“Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo es inseparable de la quietud.
El equivalente del ruido externo es el ruido interno del pensamiento. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.
Cuando quieras que haya silencio a tu alrededor, escúchalo. Simplemente préstale atención. Escuchar el silencio entre palabras, entre las respiraciones, entre las notas de música… despierta la dimensión de quietud dentro de ti, porque solo la quietud te permite ser consciente del silencio.
Observa que en el momento de darte cuenta del silencio que te rodea y de esa quietud silenciosa que se da cuenta de ello, no hay pensamientos. Eres consciente, pero no piensas, no hay ningún esfuerzo en ser consciente, nada que hacer para lograrlo.
El silencio externo e interno ayuda, pero no es necesario para hallar la quietud, aunque haya ruido, puedes sintonizar con la quietud subyacente, el espacio en el que surge el ruido. Ese es el espacio interno de pura conciencia, la conciencia misma.
Cualquier ruido molesto puede ser tan útil como el silencio. ¿Cómo? Abandonando tu resistencia interna al ruido y permitiendo que sea como es. Cuando aceptas profundamente este momento tal como es -tome la forma que tome- estás sereno, estás en paz, eres silencio”.
Eckhart Tolle

Ponentes de la talla de Jose María Doria, Mario Alonso Puig, Pablo D,ors, Yolande Durán Serrano, Enrique Martínez Lozano fueron los protagonistas durante el fin de semana.
Mi más profunda admiración a todos ellos por sus procesos, por su conciencia y por su capacidad de comunicación desde diferentes puntos de vista pero llegando a una misma conclusión: “El poder del silencio”.   (Te recomiendo encarecidamente sus libros, talleres, conferencias…  además de ser profundamente inspiradores, te “mueres” de la risa.
¡Enamorada!
Podría escribir cientos de líneas sobre lo que he recibido este fin de semana, pero no quiero “aturullarte” con mucha información. Si algo he aprendido, es que, para que LA VIDA exista, hay que vaciarse.   No paramos de acumular en nuestra mente creencias, viejas y nuevas, objetos en donde creemos que estará nuestro éxito y felicidad, ideas de relaciones “ideales”, ideas de “la vida perfecta”, no dejamos de alejarnos de lo único que tenemos, el momento presente….  Y realmente lo único que hay que hacer es soltar y vaciarse para permitir que la vida sea.
¡Enamórate de este momento! ¡Fascínate por este momento!  Así es como comenzó el Foro y así es como nos mantuvimos durante el tiempo que duró.
Eso ES.  ¡Enamórate de este momento! Porque ES.  Sea el que sea. Cierra un momento los ojos y respira, respira, y siente la vida que existe en ti. Da igual donde estés, da igual lo que esté pasando por tu mente. Solo siente esa vida.  Estás, eres, existes.
El primer ponente fue Jose María Doría, escritor y fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal entre muchas otras “etiquetas” con  “El silencio, el camino a la cordura”.
Para él la meditación es una práctica diaria fundamental porque es la gimnasia sagrada de la atención.  Si quiero tener un cuerpo maravilloso tengo que ir al gimnasio y entrenarme. Si quiero vivir atento y salir de la hipnosis mental en la que vivimos, si quiero salir del sueño del creernos todo lo que pensamos y reducir nuestra realidad a ello, tengo que entrenarme también.
25 minutos de gimnasia sagrada son más que suficientes para “vivir de ese otro modo”.
“Si tengo el lienzo enfrente, pegado a mi cara, no puedo ver el cuadro”.
Solamente cuando me separo del lienzo, doy unos pasos hacia atrás, puedo ver con amplitud, profundidad y disfrutar del cuadro.
Cuando vivo en mi mente y me creo todo lo que mi mente me dice, no puedo ver “la realidad”. Solo veo mi realidad. Ya los sabios han dicho, “no vemos la realidad tal como es, sino tal como somos”.
¿Qué suele pasar cuando estamos en la superficie del mar y llegan grandes olas?  Que nos zarandean, nos tiran, nos lanzan a unos metros, hacen que nos desequilibremos y desestabilicemos. ¿Pero qué pasa si nos zambullimos cuando se acercan esas olas y nos metemos a un metro bajo el mar? ¿Y si lo hacemos a tres metros? ¿Y si lo hacemos a diez o a cien metros?  Cuanto más profundo me sumerja, menos notaré ese oleaje en la superficie.
Así vivimos cada uno de nosotros. Nos quedamos en la superficie, donde el oleaje es fuerte y donde todo se nota.  Todo es mar, todo es océano, también las olas. Pero, ¿para qué sufrir las terribles consecuencias de ese oleaje si a unos metros puedo estar en paz?   (quizá si eres surfero puedes darme una explicación ;)..je,je…).
Es desde esa profundidad, que llega a través de la quietud, del silencio, de la inmovilización y la presencia desde donde podemos VIVIR apreciando la grandeza de la vida (la Verdad, la Bondad y la Belleza).

...mañana la segunda parte...
domingo, 26 de febrero de 2017

Puertas

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Una puerta es un elemento que separa espacios físicos, facilitando su aislamiento y el acceso entre ellos. Pero no sólo hay puertas materiales, también inmateriales, intocables, invisibles a ojos ajenos, simbólicas…

Abrir una puerta supone pasar a otra estancia, a otra realidad. Supone arriesgarnos a ver lo que hay detrás. Al mismo tiempo, abrir es permitir el paso de aquel que llama (o no permitirlo). Es un acto en cierta medida esperanzador porque, si abrimos, estamos dispuestos a algún tipo de cambio. Y si nos abren, están considerándonos dignos de entrar.

Por el contrario, cerrar puertas nos habla de cobijo y calor, recogimiento y seguridad. También de indiferencia y miedo, despedidas y conclusión. Cerrar es decir adiós y, muchas veces, tenemos que hacerlo por salud emocional. Pero a nadie le gusta un portazo o sentir que una puerta no está abierta para nosotros.

Me fijo mucho en las puertas, la verdad.

Hay puertas a las que llamo frecuentemente porque sé que soy bien recibida. Suelen ser bonitas y accesibles, sin grandes complicaciones ni adornos superfluos.

Hay otras a las que no se me ocurre llamar. Ellas mismas parecen advertir que lo que voy a encontrar tras ellas no me va a gustar.  Su materialidad y su decoración me hablan de dureza, de falta de acogida, de exclusión, de espacio reservado para vips donde no tengo cabida.

Y hay puertas a las que me gustaría llamar pero no lo hago. A veces, por temor al rechazo, a molestar, a no ser bien recibida. Otras veces, por si me mandan pasar y lo que haya dentro me guste tanto que no quiera volver a salir.

sábado, 25 de febrero de 2017
viernes, 24 de febrero de 2017

Dios

Carlos Murciano


Dios está aquí, sobre esta mesa mía
tan revuelta de sueños y papeles;
en esta vieja, azul fotografía
de Grindelwald cuajada de claveles.

Dios está aquí. O allí: sobre la alfombra,
en el hueco sencillo de la almohada;
y lo grande es que apenas si me asombra
mirarlo compartir mi madrugada.

Doy a la luz y Dios se enciende; toco
la silla y toco a Dios; mi diccionario
se abre de golpe en “Dios”; si callo un poco
oigo jugar a Dios en el armario.

Abro la puerta y entra Dios -¡si estaba
ya dentro…!-; cierro, y sale, mas se queda;
voy a lavar mi cara y Dios se lava
también y el agua vuélvese de seda.

Dios está aquí: lo palpo en mi bolsillo,
lo siento en mi reloj y, aunque me empeño,
ni me sorprendo ni me maravillo
de verlo tan enorme y tan pequeño.

Me lo dobla el cristal, me lo devuelve
hecho yo mismo -Dios, perdón- su frío
y no acierto a explicarme por qué envuelve
su cuerpo en este pobre traje mío.

Hoy he encontrado a Dios en esta estancia
alta y antigua en donde vivo. Hacía
por salvar, escribiendo, la distancia
y se me desbordó en lo que escribía.

Y aquí sigue: tan cerca que me quemo,
que me mojo las manos con su espuma;
tan cerca, que termino, porque temo
estarle haciendo daño con la pluma.
jueves, 23 de febrero de 2017

Danzas contemplativas
Días 18 y 19 de Febrero

Javi


Éste ha sido un fin de semana distinto y muy enriquecedor. La tarde del sábado y la mañana del domingo la hemos dedicado a aprender y practicar DANZAS CONTEMPLATIVAS, que nuestra amiga Toñi nos enseñó.
Unas danzas que no son complicadas de aprender, que no importa  que seas más o menos bailarín, ni que tengas más o menos edad, pero que las tienes que sentir, te tienen que decir, hablar… estas danzas nos ayudan a entrar en contacto con nosotros mismos y con los demás, a expresar nuestras emociones, a dejar que nuestros sentimientos fluyan, a interiorizar lo que nos está diciendo a nosotros, son pasos y gestos muy sencillos a través de las manos juntas, de la mirada, de los brazos abiertos en señal de acogida, de apertura a la otra persona, de apoyarnos unos en otros porque nos necesitamos, de saludar en señal de respeto, de querernos a nosotros mismos, de recibir y de dar, de danzar en círculo, en grupo, en comunión unos con otros...
Toñi nos enseñó varias danzas explicándonos su significado, su origen y meditando qué nos podían decir a nosotros.
El sábado nuestras danzas giraron en darnos cuenta de lo mucho que tenemos que agradecer a la vida. Dar GRACIAS A LA VIDA cada día por tantas y tantas cosas como recibimos y dejar de tanto lamentarnos y quejarnos.¡Disfrutemos con lo que la vida nos ofrece y hagamos partícipes a los demás!



El domingo que amaneció un día primaveral la ALEGRÍA fue el tema de la mañana, se palpaba en nuestros rostros y las danzas que practicamos eran la expresión de esa alegría, hasta nuestros pasos estaban más ligeros y se acompasaban mejor con la música.

*Dejar que la piedrecita de la ALEGRÍA  entre en nuestro corazón y quede ahí y la podamos ofrecer y dar también a los demás.*

Gracias Toñi por tu enseñanza (toda sabiduría), infundes tanta paz y tanta alegría que es un regalo haber podido compartir contigo estos días y gracias a todos por este encuentro que me ha dejado una gran sensación de paz, serenidad y de relajación y de sentirte muy agusto. En este día a día que vivimos tan deprisa necesitamos de estos momentos
Nos decías Toñi que lo mejor de la danza está al final. Así ha sido.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Mi boda
con la infinitud

Jose Maria Doria
Director de la Escuela Transpersonal
Hace unos días que ha muerto un amigo. Y tan solo hace unas horas que acabo de salir del entorno en el que se ha producido el último adiós a su persona. He asistido a una ceremonia de despedida que de forma amorosa y magistral han organizado sus hijos en la capilla de un tanatorio.

¡Cuánta belleza humana he admirado! Minuto a minuto la música, los cantos en directo, las palabras de quienes lo han conocido, la gratitud que inundaba la sala… todo aquello por tener el sello de una profunda autenticidad, ha sido un acontecimiento difícil de olvidar, sin dramas ni penas añadidas. Todo un regalo envuelto de alta cultura.
En realidad, gran tema éste el de la muerte y todo lo que su poderosa ola de infinitud moviliza en quienes pilla cerca. Reconozco que la muerte, sea de quien sea, siempre me ha parecido merecedora de una agridulce sonrisa y a su vez un acontecimiento que nunca he considerado como una calamidad. Me refiero a una sonrisa tan grande y profunda que es capaz de convivir con la lágrima y el dolor del desapego. Otra cosa es el sufrimiento, del que ahora no es momento de hablar porque nada tiene que ver con la muerte, son cosas distintas y, en muchos casos, desgraciadamente asociadas.
Personalmente creo que todos los moribundos con los que nos cruzamos, nos hacen algún tipo de regalo al despedirse y, sin duda, el regalo que mi querido JL me legó al partir, sucedió al poco de salir de la capilla del tanatorio en el que se realizó la última despedida y mientras conducía de vuelta a casa.
¿Cuál ha sido su regalo?
Pues muy sencillo: a mi mente le ha dado por abrir un espacio creativo procediendo a ponerme en el lugar del muerto y preguntarme: “Si fuera yo quien estuviese ahora en la caja, ¿Qué tipo de despedida me gustaría se hiciese?”
Pues bien, si jugamos a poder elegir lo que harían mis sucesores, en plan de crear un “adiós a la carta” y, además, tuviese a mano la posibilidad de elaborar un menú funerario, ¿cómo lo diseñaría?
En primer lugar me gustaría que el encuentro de amigos fuese en un lugar secular, no necesariamente en una iglesia. Y esto lo digo honrando religiones y templos que tanto han contribuido al alivio de los seres humanos. Me refiero a un lugar en el que haya plantas, frutas, libros sagrados, obras de arte y cosas significativas… es decir, un espacio acondicionado a la belleza y al esplendor de la vida misma. Y digo vida con la consciencia de que es realmente la vida la que me gustaría fuese la verdadera protagonista de mi despedida. En realidad cuando miramos a la muerte es cuando más nos damos cuenta de lo vivos que estamos y las infinitas oportunidades que esto trae.
En segundo lugar, quisiera que ese momento de despedida fuese algo valioso para las personas que allí acudiesen, algo valioso para sus propias vidas. Pienso que el valor de tal encuentro no estará en evocar ciertos sentimientos de recuerdo acerca de mi ex persona que, por cierto, ya será “agua pasada” para todos, sino lo que la vida regale en esa reunión a los presentes, algo vivo y fértil para sus correspondientes vidas. ¿A qué regalo me refiero? Quizás me quedo tranquilo nombrándolo como sincero entusiasmo y Vida Consciente.
Para ello encomiendo a quien conduzca la ceremonia el “comunicar el deseo del difunto”, un deseo consistente en invitar a los allí reunidos a dar forma a su particular “milagro”, procediendo a indagar, ¿qué supondría para mí un milagro? ¿cuál es el anhelo de mi vida que por su dimensión no podría suceder más que en forma de milagro? ¿Y a su vez, cuál sería el deseo que pediría para esta humanidad a la que pertenezco? En realidad en cada escrito habría dos sueños, uno para uno mismo y otro para la Humanidad.
Una vez hecha tan íntima indagación y atreviéndose cada uno a soñar y conectar con sus propias utopías, propondría el trascribir dicho milagro y depositarlo en la caja del muerto. El gran juego consistirá en elegir creer que tal y como dijo JM Doria, tales anhelos serían llevados por él mismo hasta el infinito.
Quisiera asimismo que en la atmósfera de este adiós, es decir mi muerte fuese enfocada como una boda, una boda de JM con la Infinitud. Y dado que el infinito es un océano de posibilidades insospechadas, puedo afirmar todavía en plena vida que prometo llevar en mi travesía los sueños de todos y, además, conseguir que se cumplan, jaja.
No pienso explicar las razones cuánticas que operan en la mente humana para racionalizar lo que de por sí es un precioso acto de creación, sino más bien convocar al niño consciente que vive en nosotros y abrirnos a las posibilidades que la vida en ciertos momentos ofrece desafiando a la mente y sus condicionamientos limitadores.
martes, 21 de febrero de 2017

Entrevista
a Jordi Pigem

La Vanguardia 2016

Jordi Pigem, filósofo posmaterialista
Tengo 52 años. Nací en Barcelona y vivo en l’Escala. Soy doctor en Filosofía y escritor. Vivo en pareja y tengo un hijo, Marc (10). ¿ Me atraen el budismo zen, el taoísmo y el misticismo cristiano del maestro Eckhart.
“El universo es inmaterial, mental y espiritual”
Inteligencia vital
Qué inspiradora y estimulante me resulta esta charla con Jordi Pigem: reencanta la realidad al entrelazarla con mi conciencia, mi corazón. Al acabar evoco una de mis frases favoritas de Dalí: “La naturaleza es sobrenatural”. Pigem es filósofo posmaterialista porque elige una mirada más allá del cómputo materialista, de la ciencia mecanicista y del racionalismo desnudo, y la construye justo donde todos esos reduccionismos se encogen de hombros. En su libro Inteligencia vital (Kairós), subtitulado Una visión postmaterialista de la vida y la conciencia, lo explica con gracia y ligereza. Te dice: “Tú eres único, pero no separado: participas, cocreas”. Eres (con) el universo.
Qué le hizo filósofo?
Una ventana.
¿Una ventana?
De niño me asomaba, miraba el cielo y me preguntaba: “¿Para qué estoy aquí?”. Me gustaba la ciencia... hasta que supe que mis preguntas eran para la filosofía.
Y se dedicó.
Sí, aunque empecé siendo periodista ecologista en la revista Integral: creía que la información mejoraría el mundo.
¿Y no?
Tenemos más información que nunca... ¡y destruimos como nunca! Tenemos ciencia sin conciencia. Y me doctoré en Ciencia Holística en el Schumacher College, Inglaterra.
¿Qué enseña esa disciplina?
Que los últimos hallazgos de la ciencia indican que el paradigma materialista se agota.
¿Qué es el paradigma materialista?
Desde Galileo y Descartes, la ciencia sostiene que sólo existe lo mensurable. Y hemos antepuesto lo material a lo inmaterial: el dinero al alma. ¡Pero resulta que lo más importante es lo que no puede medirse ni pesarse!
¿A qué se refiere?
A la bondad, la belleza, la amistad, el amor, la justicia..., ¡y al mismísimo universo!
¿El universo no puede medirse?
La ciencia sólo puede conocer el 4% del universo: el 96% es materia y energía oscura, ¡indetectable! La ciencia llega a un cul-de-sac.
¿Conclusión?
El paradigma materialista y mecanicista se agota en el macrocosmos –es relativista– y en el microcosmos –es cuántico–, así que toca otro paradigma: el posmaterialista.
¿En qué consiste?
Lee el final de este artículo en la prestigiosa revista Nature: “El universo es inmaterial, mental y espiritual”.
¡Ostras! ¿Quién dice esto tan gordo?
Richard Conn Henry, físico y astrónomo de la Universidad Johns Hopkins, y concluye así: “¡Vive y disfruta!”.
¡Un científico! ¿Posmaterialista?
Claro, el universo no lo forman cosas, sino relaciones: es un océano de relaciones, vibrátil, esporádicamente manifestado en cosas, en átomos, ¡como en el océano las olas!
Muy bonito.
Y real. Ahora mismo, mientras hablamos, están obrándose prodigios en ti y en mí.
¿Qué pasa?
Todas tus células, ¡decenas de billones de células!, cada una única y distinta, se intercambian moléculas del modo idóneo, preciso, exacto: por eso vives y sigues sano.
Benditas sean.
Lo hacen con más eficacia, productividad y sostenibilidad que cualquier fábrica.
¿Cómo lo explica el posmaterialismo?
¡Inteligencia vital! Así la llamo. Porque la inteligencia es connatural a la vida. La vida es inteligente, o no es vida.
¿Una ameba es inteligente?
¡Sí! Una bacteria, una célula, una planta, todo animal: ¡inteligencia! Una planta aprende, memoriza, tiene percepción e intención. Como toda forma de vida. No hay vida sin inteligencia, ni inteligencia sin vida.
Sí, hay inteligencia artificial.
Si no siente, no hay vida: no hay inteligencia. Altísima capacidad de cálculo, sí. Dice Magnus Carlsen, campeón mundial de ajedrez: “Yo veo la jugada, la siento”. No dice “pienso”, dice “siento”: ¡inteligencia vital!
Defina inteligencia.
Capacidad de responder creativamente y de manera óptima al entorno. La araña teje telas cinco veces más resistentes que el acero en relación con su peso... ¡Inteligencia vital!
“La naturaleza es sabia”, decimos.
“La naturaleza se esmera en crear las formas más bellas y maravillosas”, dice Darwin en El origen de las especies. ¡Inteligencia vital!
¿Y qué hay de nuestra humana inteligencia, de nuestro cerebro?
Eres cocreador de realidad, participas del universo, tu conciencia crea. Así lo avanzó el gran físico Schrödinger: “La base de la realidad no es la materia, es la conciencia”.
Voy de sorpresa en sorpresa.
“Lo no observado no existe”, predicó el físico Bohr. ¡Eres cocreador de la realidad! El posmaterialismo se abre a lo inmaterial: valores, intenciones, conciencia, lo que la ciencia no contempla.
¡Pero la ciencia nos ha dado muchísimo!
Muchísimo..., pero al tirar el agua sucia de la bañera (la superstición, el dogma) tiró también al viviente bebé que había dentro.
Rescáteme al bebé.
¡El corazón! Tu corazón tiene sus neuronas, ¿lo sabías? Y está enviando más información a tu cerebro que al revés.
¡No sabía eso tampoco!
Fíjate: cuándo dices “yo”.., ¿dónde te apuntas con el dedo? ¿A la cabeza, al cerebro?
Me apunto al pecho, al corazón.
¡Sí, porque ahí estás tú! El sánscrito tiene una sola palabra ( cit) para mente y corazón. Y decimos que el corazón “se me hiela”, “se me parte”, “se me abre”, “lo tengo en un puño”..., o “eres de buen corazón”.
¿Puede responder ya a la primera pregunta de su vida: “¿para qué estoy aquí?”?
Sí, creo que ya puedo: ¡para descubrirme! El propósito de la vida es descubrirte a ti mismo en plenitud.