Importa el destino, pero lo importante es vivir el camino.
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miércoles, 18 de abril de 2018

Vive lo que toca



Podemos pasarnos la vida anhelando no se qué estado o no se qué situación
O soñando con estar no se donde
O dando vueltas a si hubiera ocurrido aquello
O si hubiera visto a no se quien en no se qué momento
Y seguimos perdiendo la vida que va pasando
Abre los ojos: despierta, vive lo que está sucediendo. 
martes, 17 de abril de 2018

Testimonios del Grupo Encauzando las Emociones




Encauzando las emociones por  Mª ENCINA GONZALEZ
Me gusta el título, sabía que sería muy intenso. Y no me equivoqué, sesión tras sesión.
Un ejercicio intenso de reflexión sobre las emociones, las que siento, cómo las siento, aprendí a descubrirlas y ahora estoy en el camino de encauzarlas. Ana, Soraya, Ana, Ana Belén, José Manuel, Encina, coordinadas por  Piedad nos reunimos los miércoles a las cinco de la tarde en un  círculo que trataba de transmitir fuerza y energía para ser capaces de descubrir y comprender las emociones y poder encauzarlas. 
Acompañados muchos días de los rayos del sol que entraban por la ventana, fuimos hablando de la sabiduría emocional, las caras del miedo, de la cólera, de la rabia, la ira, la agresividad, de la envidia que como nos recuerda Descartes no existe ningún vicio más dañino para la felicidad que la envidia, también debatimos sobre la destrucción de la culpa, sobre el odio y el resentimiento y también sobre el rostro de la vergüenza aunque nuestro grupo había dos sin vergüenza y por supuesto del amor.  
Cada persona es única, diferente y por eso las experiencias contadas con tanta sinceridad y las emociones que fluyeron de los componentes de este grupo, enriquecieron este curso encontrando formas de afrontarlas.
Todos los días  aprendimos de nosotros mismos y de los demás y de la sabiduría de Piedad, porque al fin y al cabo lo importante somos nosotros mismos y estábamos empeñados en  aprender a querernos a nosotros mismos y a encauzar y comprender nuestras emociones con este fin.

Encauzando las emociones por ALICIA TOMÉ 
Encauzando emociones" Título sugerente con promesas de ser intenso.
Cada tarde de miércoles, sesión tras sesión fuimos desgranando el sentir de nuestras emociones más profundas. Acariciados por tenues rayos de sol, y dirigidos por nuestra Coordinadora, la cual hace honor a su nombre, compartimos nuestras culpas, vergüenzas, miedos, envidias... en un ambiente cálido y empático. Un abismo de recuerdos penosos, hirientes y oscuros. Un torbellino de humanidad regalándonos nuestros latidos, con el propósito de crecer individualmente y como grupo.
Entremezcla de risas y llantos.
Complicidad, sinceridad y ausencia de juicios.
Compasión y sensibilidad.
Tardes mágicas, inolvidables y siempre abriendo caminos a la esperanza. Gracias.
lunes, 16 de abril de 2018

Frágil

El rincón del optimista
Juan


En el plazo de dos días se me rajó el parabrisas del coche (me gusta más llamarle luna, es más poético), se me rompió la pantalla del teléfono portátil y estalló una lámpara del salón de casa. Quizá fuera una simple coincidencia que fueran estos tres elementos de cristal los que llegaron a su final, pero lo cierto es que me hace llegar a la elemental conclusión de que las cosas físicas tienen esa fragilidad, que el cristal se rompe y que el uso doméstico de estos elementos tienen su caducidad, por no entrar a filosofar sobre la llamada obsolescencia programada del aparataje, esa vida útil con fecha de caducidad, pues creo bastante en sus fundamentos.
Frágil es el cristal, estamos todos de acuerdo, pero a mí me parece que más frágiles somos nosotros, no por la posibilidad de sufrir un accidente, infarto o parada cardiorespiratoria (palabraco este último), sino frágiles sobre todo a nivel mental, frágiles nuestros sentimientos, frágil nuestra sensibilidad. Estarás conmigo que cualquier traspié por pequeño que sea nos trastoca, nos desequilibra, nos hiere, nos deja ‘KO’. Por un lado es normal, somos humanos, todo nos afecta. No somos un bloque de frío hierro, aunque seguro que en este momento recuerdas a alguien que en vez de corazón parece que tuviera un trozo de metal entre pecho y espalda. No importa, céntrate en ti. Si te crees amenazado de partirte en dos o en más trozos, si todo apunta a que vas a ser herido con las flechas del desamor o con las punzadas del odio, e incluso si acabas de recibir la sacudida del desengaño o la traición de una amistad… te aconsejo que hagas lo mismo que yo hice con el parabrisas, el móvil y la lámpara: sustitúyelo.
Ah. ¿Qué no es lo mismo, qué un sentimiento negativo no se cambia igual que un cristal por uno positivo? Ahí es donde quizá estemos en desacuerdo. Ser positivo y optimista es un estado de ánimo, eso es algo que me has leído más veces. Cambiar el ceño fruncido por la sonrisa es una maniobra gimnástica, pura física. Esta práctica es infinitamente mejor que vestirte con la coraza que cuelga en el armario de la entrada de casa y que te pones tan a menudo. Con la escafandra no estarás a salvo de nada. Esa armadura simplemente te impedirá ver la realidad y la luz del sol en todo su esplendor. Una armadura que no se oxidará por más que te empeñes a no ser que sigas las prácticas del famoso caballero de Robert Fisher.
domingo, 15 de abril de 2018

Sobran palabras

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


A veces estoy tan cansada que me cuesta hablar y, sobre todo, me cuesta escuchar. Como si cada palabra supusiera una enorme carga que procesar y soportar, fluyendo en sonidos que van y vienen, golpeando la mente y los oídos, como martillos.
Otras veces estoy tan centrada y tan tranquila, que emitir palabras o escucharlas me descentra y me hace sentir fuera de la realidad, despistada.
Y también me ocurre que, en ocasiones, no sé qué decir, porque la situación me desborda y las palabras no llegan a expresar aquello que quiero transmitir. Así que recurro al silencio, a la mirada y a aquellos gestos que hablan sin necesidad de palabras.
Esto de lo que hablo –seguro– nos ha ocurrido a todos.
Y a la conclusión a la que he llegado es que las palabras no son tan importantes, ni tan trascendentes, ni tan precisas. Ni tan siquiera necesarias muchas veces. Estamos saturados de ellas. Nos rodean y nos aturden, nos envuelven, nos incomodan, nos inquietan… Creo que sobran muchas palabras.
¿Qué mecanismo interno nos lleva a hablar sin cesar? ¿El miedo al silencio? ¿La incomodidad ante el vacío de sonidos? ¿La falta de otros recursos?
Si echo la vista atrás me doy cuenta de que mis mejores momentos no han estado rodeados de palabras, no ha habido necesidad de hablar, ni de llenar vacíos con preguntas predecibles, ni de contestar sin ganas con respuestas aún más predecibles. En esos momentos he estado PRESENTE y he sentido a los que estaban conmigo. Nada más.
viernes, 13 de abril de 2018

Cuento:
Niños patinando sobre hielo




“En una ciudad de Canadá, allí donde el frío no cesaba, se encontraban dos pequeños niños jugando sobre una laguna cristalizada. Era una tarde muy nublada y fría, pero ellos se divertían sin preocupaciones patinando sobre el agua congelada. Iban y venían haciendo círculos, saltando, riendo, disfrutando con gran alegría de ese momento maravilloso que les regalaba la naturaleza.
De pronto una parte del hielo se rompió y uno de los niños se hundió en el agua helada y quedó atrapado dentro de la gruesa capa de hielo que cubría toda la laguna. El otro pequeño observó que su amigo estaba ahogándose debajo del hielo, entonces corrió en busca de una piedra y con ella comenzó a golpear desesperadamente con todas sus energías, con toda su fuerza, hasta que logró romper el grueso hielo y así de esa manera pudo rescatar a su gran amigo.
Al rato llegaron los bomberos y al ver lo que había pasado, comenzaron a preguntarse entre ellos que cómo ese pequeño había podido romper semejante hielo.
“Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, comentaban.
Por allí cerca se encontraba un anciano que estaba escuchando todo lo que murmuraban los bomberos; él se acercó y les dijo:
“Yo puedo decirles cómo lo hizo”
Los bomberos asombrados preguntaron… ¿Cómo?
Es muy simple, “no había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.
Moraleja: En ocasiones, en nuestra vida cotidiana, lo seguro no es garantía de bienestar. En la educación debemos ir formando al niño para que vaya configurando sus propias ideas, a veces similares a la de los mayores, pero en otros momentos,  pueden ser divergentes del pensamiento del adulto. Tan negativo es ser siempre rebelde ante el otro, como ser siempre sumiso al criterio de los demás. Cada persona debe ir creando su propio criterio, oyendo a los demás, pero tomando la decisión final propia, ante todo ante situaciones importantes: qué carrera estudiar, que trabajo elegir, que pareja tener, etc.
Termino con un pensamiento de Jean Cocteau: “Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”.