Este es el momento para arrimar el hombro.
La Redacción del Blog
sábado, 23 de septiembre de 2017

Amar es comprender



A lo largo de este tiempo prueba a ver si este pensamiento, a modo de mantra, penetra en ti.
Amar es comprender.
Porque comprender comporta

cercanía,
empatía,
disculpa,
...
viernes, 22 de septiembre de 2017

La verdad…

Marià Corbí

“¿Tu verdad? 
No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla. 
La tuya guárdatela”
(Antonio Machado).

La verdad que condena no es verdad.
La verdad solo libera.
La verdad que somete no es verdad.
La verdad solo desata las cadenas.
La verdad que excluye no es verdad.
La verdad solo reúne.
La verdad que se pone por encima no es verdad.
La verdad solo sirve.
La verdad que desconoce la verdad de otros no es verdad.
La verdad es solo reconocimiento.
La verdad que no mira a los ojos a otras verdades no es verdad.
La verdad es solo acogimiento sin temor.
La verdad que engendra dureza no es verdad.
La verdad es solo amabilidad y ternura.
La verdad que desune no es verdad.
La verdad solo unifica.
La verdad que se liga a fórmulas, por escuetas que sean, no es verdad.
La verdad es solo libre de formas.
Si la verdad se liga a fórmulas,
tiene que condenar, excluir, desunir,
tiene que ponerse por encima,
dar por falsas otras verdades.
La verdad reside en formas, pero no se liga a ellas.
Por eso, en las nuevas sociedades globales, la espiritualidad no puede pasar por creencias que se proclaman exclusivas poseedoras de la verdad.
jueves, 21 de septiembre de 2017

Soy armonía

Pedro Miguel Lamet
En Revista 21, agosto-septiembre 2016, p.53.

Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano en la localidad de Salgotarjan, a 109 kilómetros al noroeste de Budapest (Hungría), nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años de Cristo, enseñaba:

“Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo”.

Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales, no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas, consideradas entidades geométricas de una dimensión. Sus vibraciones se fundan en simetrías matemáticas particulares que representan una prolongación de la visión pitagórica del universo y la recuperación, en la más moderna visión del mundo, de la antigua creencia en la Música de las Esferas.

Pero no somos el centro de todo es, ni tan importantes como creemos desde el yo. Nuestra vida es un parpadeo del Universo, una nota musical de la sinfonía. Un parpadeo único, sí, irrepetible y cósmico en miles de años y espacios, pero un solo parpadeo.

Cuando desaparece mi personaje, ese ego mental que creo ser, despierto.

Escribe Willigis Jäger: “Una vez más se me ha permitido y se me sigue permitiendo experimentar que mi vida no representa otra cosa que un simple golpe de mar en ese acontecimiento cósmico, y que lo que yo soy verdaderamente retornará sin tiempo y sin forma a la infinitud de la que nació mi yoidad”.

Somos pues una nota del pentagrama universal. Encontrar nuestra vibración en el universo nos devuelve nuestro sitio en el Ser.

Cierra los ojos y sumérgete en el instante presente. Conectas con tu realidad sin tiempo. Te das cuenta de que eres uno con el cosmos y que todos los seres son pedazos de ti mismo. Que la muerte no es muerte, es una transición de forma… Por eso es un error convertir la santidad en otra forma de protagonismo para alimentar el ego.

Perderse es encontrarse. Entonces te percibes uva de racimo, gota entre millones de gotas del mar, chispa de una sola luz, ínfimo lucero de un cielo estrellado. Y cambia tu ser y tu compromiso con el mundo. Como certeramente encesta el mejor baloncestista, da en la diana el arquero, crea el músico, cuando no es él, sino la naturaleza, el Ser, a través de él. La armonía es nuestra manera de reencontrarnos, y el Uno, mi olvidado apellido de familia.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El mundo olvida

Caligrafía de emociones
Jose

No sé nada de recuerdos
todo lo que viene a mi mente
todo está olvidado.

La hipocresía la regalé,
y la soberbia la he dejado afuera,
no permito que me invadan,
ni siquiera aún los miedos.
Estoy tratando de ver la vida
color pastel, y de vez en cuando
con algún que otro brillo.

Estoy solo, sí, estoy solo,
y nada tengo que esperar.
martes, 19 de septiembre de 2017

Mitos sobre el alcohol y los jóvenes

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


En torno al alcohol se han elaborado historias y más historias, que lo único que nos indican es lo  antiguo de este producto y la incidencia, no siempre gratificante, en la convivencia familiar y en el propio individuo. Dentro de estas "creencias" podemos señalar  las siguientes:
1.- El “botellón” no produce daño en el organismo: la realidad es que el consumo de gran cantidad de alcohol en un tiempo reducido puede producir daños cerebrales y puede convertir en un hábito esa conducta, con lo que un posible problema puntual se convierte en una gran amenaza para la salud psíquica y física del sujeto. Está comprobado que cuanto más pronto se comience a beber alcohol más probabilidades existen de que se evolucione hacia una dependencia alcohólica. Los expertos están de acuerdo en afirmar que dos de cada cinco adolescentes que se emborrachan un sábado sí y otro también podrían ser alcohólicos en la edad adulta.
2.- El consumo de alcohol ayuda a estar más animado: aunque es cierto que tras la ingesta de alcohol se puede sentir una sensación de bienestar, esto es una vivencia engañosa y  pasajera, pues después se produce un gran “bajón”. No es extraño contemplar a un adolescente que ha consumido alcohol que manifieste pérdida de fuerza y coordinación, así como fatiga física y una sensación de pérdida de interés, que en ocasiones se acompaña de somnolencia. De los primeros momentos de exaltación y bienestar se pasa a una vivencia de malestar, que puede llevar a la depresión cuando aparece el sentimiento de culpa.
3.- El alcohol facilita las relaciones sexuales: en realidad lo que ocurre es que el consumo abusivo de alcohol, o la ingesta masiva de esa sustancia, dificulta e incluso impide unas relaciones sexuales plenas, provocando impotencia o inapetencia sexual y otras patologías asociadas (celos patológicos, etc.).
4.- El alcoholismo se transmite de forma hereditaria: se dice: de padres alcohólicos, hijos alcohólicos. Pero esto no es cierto. La conducta alcohólica de los progenitores no origina necesariamente el alcoholismo en los hijos. En todo caso, lo que parece estar más probado es la intolerancia al alcohol. Es decir, existen personas que no soportan el alcohol y su consumo les produce dolores de cabeza, náuseas, etc., aunque sea en pequeñas cantidades. Lo cierto es que un ambiente familiar alcohólico, lo que transmite al niño es la forma más rápida para "solucionar" los problemas: el alcohol. Pero aunque esto último, pueda ser cierto, no podemos olvidar al entorno social y a la propia personalidad del individuo como factores que contribuyen en este proceso de adicción.
5.- "Soy alcohólico por culpa de la familia...": es frecuente que se pretenda buscar el origen de esa conducta "en lo malo que son los otros": los conflictos con los padres, un desengaño amoroso, etc. son algunas de las "excusas" más frecuentes. Pero la conducta alcohólica es un fenómeno complejo, que no se puede simplificar y menos  reducir a una sola causa. Si alguien es responsable de esa conducta es el propio individuo, aunque las circunstancias externas puedan favorecer la aparición del conflicto.
6.- El alcoholismo se puede curar con la sola voluntad del individuo: este aserto parte de un voluntarismo exagerado y de la negación de un principio básico: el alcoholismo es una enfermedad. La voluntad no lo puede todo. El alcohólico es un enfermo y necesita la ayuda de un profesional para superar ese conflicto. Indiscutiblemente que su esfuerzo y deseo de curación será necesario, pero no suficiente. De lo contrario, lo único que conseguiremos es culpabilizar más al alcohólico y hundirle en el pozo de la propia enfermedad.
Solución
El abordaje de este problema no es simple, pues es un fenómeno complejo con muchas dimensiones: sociales, culturales, familiares y personales. Lo que es evidente es que la solución no son los “botellódromos”, una forma de fomentar más el consumo de alcohol; la solución tiene dos caras: una formación más sana de nuestra juventud, potenciando su autoestima y su capacidad de divertirse sin con consumo de drogas y que las familias no sean tan permisivas a la hora de la educación de los hijos. Un ejemplo de esto último es el anuncio que hace un tiempo aparecía en los  medios de comunicación: una chico/a en estado de embriaguez dando las gracias a sus padres por haberla dejado “en completa libertad”. Pero esto es otra historia que comentaremos en otra ocasión.
lunes, 18 de septiembre de 2017

Apegos sanos y apegos insanos

Elvira Lindo. Tomado de El País


El psiquiatra Diego Figuera cree que lo que somos está marcado por la forma en que nos criaron en la infancia.
El psiquiatra Diego Figuera sale del Hospital de Día de Ponzano (Madrid) rodeado de pacientes y familias. Hay besos, abrazos, se respira camaradería. Hoy es la primera sesión interfamiliar después del verano. Se trata de unos encuentros que Figuera pergeñó para que sus enfermos pudieran aprender del comportamiento de los otros. Y aprenden. Descargan angustia. Se sienten menos solos. Aun siendo siempre discutida por sectores más ortodoxos de la psiquiatría esta manera comunitaria y afectiva de entender la profesión a Diego Figuera le funciona. El año pasado el Ayuntamiento de Madrid le concedió la Medalla de la Ciudad en reconocimiento a una labor en la que vuelca el conocimiento científico que le inculcó su padre (el primer cirujano que realizó un trasplante de corazón en España) y una actitud creativa que aprendió de su madre, pintora. Figuera entiende que mucho de lo que somos está marcado por la manera en que fuimos criados, por el apego, ese término usado no siempre de la manera más sensata, pero que él nos explica con la pasión y la claridad de quien disfruta a diario de su profesión.
-Apego es un término que definió el psicoanalista y psiquiatra John Bowlby, que analizó las carencias de los niños huérfanos de la II Guerra Mundial. Se dio cuenta Bowlby de que necesitamos a unas figuras que nos cuiden, fundamentalmente, para tener seguridad. Cuando somos muy pequeños, seguridad física, algo que nos viene de la evolución de las especies, porque apego tienen también los animales. Nacemos inválidos, indefensos, ante los depredadores. Bowlby afirmó que nuestra necesidad de apego no es secundaria a la alimentación, como hasta el momento defendían los psicoanalistas. Si estamos inseguros en la crianza no aprendemos bien porque andamos siempre con las señales de peligro encendidas. La relación de cuidados físicos, emocionales y mentales va cambiando en las fases del desarrollo. Un apego seguro se suele considerar terminado en el año y medio. Por eso, hoy en día, se considera tan importante un permiso de maternidad y paternidad como mínimo de un año.
-El apego es una necesidad básica determinada por la especie. Necesitamos cariño, sostén y alimentación. En función de cómo sean esos cuidados salimos con resistencia a la adversidad o con vulnerabilidad, lo cual es un factor de riesgo muy importante en cuanto a la posibilidad de padecer enfermedades mentales a partir de la adolescencia.
-Hay apegos sanos o insanos. El apego seguro es el que nos hace resilientes. No significa que estemos todo el día pegados al niño. Al contrario, hay que promover su autonomía según las fases; en cada edad el niño necesita un tipo de relación afectiva, cognitiva y conductual distinta. Si nos pasamos de listos o de cortos nos vamos a apegos inseguros. Por ejemplo, la sobreprotección da un apego inseguro y con menos resistencia a la adversidad. Es el mal de la sociedad moderna.
-Los trastornos de personalidad están íntimamente relacionados con nuestra forma de vida. El estilo de crianza influye enormemente. Si a un niño se le cría en un apego seguro la probabilidad de tener enfermedades mentales es baja, en general.
-Un apego sano promueve la autonomía personal. En cada momento tenemos que estar separados un poco de nuestros hijos para que exploren, para que se relacionen con el mundo. El exceso de preocupación se relaciona con el trastorno límite de la personalidad. En crianzas muy sobreprotectoras los hijos hacen rupturas muy fuertes con los padres en la adolescencia, los castigan.
-Hoy en día ya no separamos lo biológico de lo psicológico, está interrelacionado de manera compleja. Lo biológico parece que a los psiquiatras nos daba tradicionalmente nuestra entidad como médicos, pero hoy en día creemos que el psiquiatra debe ser alguien más polifacético, tener más intereses, de la filosofía, de la psicología, de la etología, de la neurociencia.
-El otro apego que favorece el trastorno mental es el apego inseguro, evitativo, que es todo lo contrario, el de unos padres excesivamente despegados. Se ha dado mucho en las educaciones británicas. El niño se separa desde muy joven, y lo importante es la rectitud. Es un apego que se relaciona con figuras paternas muy potentes. Tiende más a dar vulnerabilidad a la psicosis, porque te enseñan a fiarte solo de ti mismo, a pensar que vives en un mundo hostil, persecutorio, que mostrar afectos es de blandos, y hay que ser individualista, hay que triunfar. Son trastornos más cercanos al narcisismo.
-Y lo más tóxico de todo es la ausencia de las relaciones de apego. Lo que llamamos el apego desorganizado. Malos tratos, abusos, violencia física, orfanatos duros. Esos chicos muestran patologías desde muy pequeños. Son niños muy psicopáticos, los que torturan al gato, que maltratan a otros niños. Si no hay apego, no hay empatía.
-Nunca recomiendo a un enfermo sólo la medicación. La medicación, esto es importante dejarlo claro, está basada en síntomas, no en el diagnóstico de una enfermedad. Tenemos medicinas para síntomas, pero no curan. Eso provoca una gran confusión. Lo más peligroso para un enfermo es dejar de tomar una medicación de golpe.
-La mayoría de nuestros pacientes vienen con su familia, padres, hermanos, todos en tropel. España es muy gregaria. En Estados Unidos, no, allí van solos. Aquí la lucha de los familiares es por afán de participar, porque la psiquiatría española les da muy poco espacio. Al principio, los pacientes quieren estar solos en consulta, a partir de ahí vamos negociando y tratamos de cambiar las ideas preconcebidas de lo que es peor o mejor. Les convences de que es más eficaz estudiar su problema en relación al entorno familiar.
-Cuando un paciente acepta estar en un grupo de terapia con más familias es porque quiere aprender. Tú vas viendo los cambios que experimentan. En la vida se aprende mucho a través del otro. Muchos asistentes no hablan, pero sabes que se están transformando. Luego te lo dicen: me sirve mucho aunque no me atreva a hablar. Y es que el cerebro aprende por imitación.
-Creemos que los enfermos mentales son potencialmente peligrosos porque son imprevisibles y nos hacen estar alerta. Pero estadísticamente sabemos que estos pacientes tienen un índice de delitos mucho menor que la población general. Los terroristas no están locos, no. De hecho, no se les suele aceptar en grupos sectarios de este tipo porque no se fían de ellos. Probablemente son inmaduros, inadaptados, pero no es locura.
-Nosotros luchamos para trabajar en comunidad y poner en segundo lugar la medicación. Lo hacemos unidos a los movimientos de desmedicalización de los propios pacientes, que reivindican que no están enfermos sino que tienen síntomas, porque en la vida lo importante es la funcionalidad: si funcionas, no eres un enfermo. Pero nos alerta el aumento enorme de la psiquiatría cosmética, promocionada por la industria, por la impaciencia, más por su efecto de droga de la felicidad. Queremos evitar insomnios, fobias, miedos, y vamos a lo fácil, pero esas dificultades se tratan mejor con terapia. La medicación es un gran mal de nuestro tiempo. Aceptamos una sociedad medicalizada para alcanzar el máximo de nuestro rendimiento y acabamos siendo esclavos. Necesitamos drogas, siempre se han necesitado, pero ahora tratamos de borrar cualquier contratiempo.
-Lo que pretende nuestro equipo es ser flexible y creativo: hacemos una amalgama de tratamientos, mezclando aspectos del psicoanálisis con terapias puntuales cognitivas; estudiamos las necesidades sociales o económicas o buscamos mini residencias cuando la vida en las casas es tóxica. Lo básico es la psiquiatría comunitaria, de barrio, en la cual impliquemos a la sociedad lo máximo posible. Queremos salir de los lugares psiquiátricos, preferimos los centros de salud mental primaria al hospital; desearíamos tener accesibilidad a bibliotecas, asociaciones de vecinos... para demostrar que nuestros pacientes están mejor de lo que parece. Instamos a familias y pacientes a ser dueños de su tratamiento y nosotros les hacemos sugerencias. En España estamos muy atrasados en la participación activa del usuario, porque el modelo de psiquiatra ha sido el de "usted cállese y yo le voy a decir lo que tiene que hacer". Ya no, nuestro trabajo es artesano, cada historia nos lleva a adaptarnos a la necesidad del paciente. Y no hemos tenido presiones de la administración, ¿por qué? Porque venimos demostrando que somos eficaces. Yo tengo la obligación de cumplir unos objetivos de gestión clínica y quien nos supervisa ve que por paciente y año hemos disminuido a un ochenta por ciento los ingresos, disminuido el consumo de fármacos otro ochenta por ciento, las bajas laborales son mínimas, ve que no ha habido agresiones, que no hay recaídas. Al final sale más barato y es más eficiente.
-La psicosis siempre se ha mantenido como la enfermedad mental por excelencia, anda siempre entre el 1 al 2 por ciento. Pero han ido aumentando los trastornos de la personalidad y hoy en día ocupan un rango entre el 4 y el 5 por ciento. Pienso que tiene que ver con que criamos a nuestros hijos de manera insegura, con mucha más permisividad hacia consumos de tóxicos y en situaciones muy caóticas que son poco eficientes para que los chicos sean autónomos. Hay un cambio muy brusco de la sobreprotección a pedirle de pronto a un hijo que sea un tío genial, porque "es lo que me debes teniendo en cuenta lo que he hecho por ti". Y ahí los jóvenes se rompen.
-Yo suelo dibujar un vaso a mis familias para explicar los factores que influyen en la enfermedad mental: en la base está lo biológico, ese tanto por ciento que nos deja una herencia genética; después, la crianza, hay crianzas seguras que disminuyen la probabilidad de una herencia biológica y son un favor de resistencia a la adversidad; luego, la adolescencia, cuando se fragua la personalidad; más arriba, el consumo de tóxicos, que cambia la bioquímica cerebral y la manera en que nos relacionamos con el mundo; por encima, los aspectos sociales, la pobreza, por ejemplo, que es un factor de riesgo para la psicosis, y luego, el trauma. La capacidad para superar un trauma está muy relacionada con el apego que hemos tenido. Si pierdes a tu padre pero tienes unas relaciones seguras que te permiten disolver el trauma, lo vivirás mejor. Por último, está cómo manejamos el estrés cotidiano. Un chico o una chica a los que les fallen varios de estos factores, que están interrelacionados, con un fracaso amoroso se vienen abajo.
-Los países pobres tienen menos incidencia de enfermedad mental y la viven de una manera más adaptativa, sin embargo, los pobres o los inmigrantes de un país desarrollado están sometidos a unas exigencias cotidianas muy fuertes que los hacen sin duda más vulnerables. En la enfermedad mental todo cuenta.
La conversación se hace corta porque, inevitablemente, escuchando al doctor Figuera uno cree vislumbrar muchas claves de la relación que mantuvimos con nuestros padres o de la que hoy tenemos con nuestros hijos.
domingo, 17 de septiembre de 2017

El olor de la lavanda

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Hay cosas agradables en el mundo. Muchas, la verdad. Pero pocas habrá tan gratas para mí como el olor a lavanda.

Suelo tener ramos de lavanda en casa, por lo que es un aroma que me acompaña casi siempre: cuando abro la puerta de casa o la de los armarios, cuando salgo al jardín, cuando subo la escalera…

Este verano, al regresar de un viaje, me recibió el olor de la lavanda que,  por la noche, aún es más intenso. Y en ese momento –aunque la hora era ciertamente intempestiva– volví a agradecer ese recibimiento, esa vuelta a casa a lo grande, ese regreso a lo que es mi hogar.

Creo que cosas como ésta son las que marcan la diferencia entre casa (lugar físico e impersonal) y hogar (lugar físico personalizado). Los detalles, los olores, los adornos o la ausencia de ellos, el desgaste y los rayones… eso configura un hogar y las vibraciones que se dan en él.

Todos conocemos casas ostentosas, o simplemente bonitas, con no muy buenas vibraciones, y casas sencillas y hasta humildes en las que da gusto estar. A estas alturas supongo que ya distinguimos qué lugares nos acogen (con las condiciones que sean) y cuáles invitan a marchar (aún de forma sibilina).

No pretendo decir con esto que el olor de la lavanda sea lo que marque la diferencia. Habrá gente que no lo soporte, por supuesto. Sólo que, para mí, es el olor de mi sitio, de mi casa. Y cuando estoy en lugares donde huelo a lavanda me siento “en casa”.