Una empresa que no intente hacer el mundo un poco mejor, más justo, más racional, más feliz, no sirve para nada noble.
Ricardo Nandwani
miércoles, 23 de enero de 2019

Hipatia

El talón de Aquiles
Tomás


Hipatia nació en Alejandría (Egipto) en torno al año 360. Su padre, Teón, la educó desde niña según los ideales griegos de perfección del ser humano, cultivando tanto el cuerpo como la mente. Así la educación de Hipatia combinó el ejercicio físico con el cultivo de las artes, las ciencias y la música. Para completar su aprendizaje viajó a Roma y Atenas donde amplió sus estudios de filosofía, astronomía, matemáticas y física.
A su regreso a Alejandría empezó a enseñar en el Museo (casa de las musas), que sería el equivalente a una universidad actual, donde más tarde llegaría a ser su directora. Los conocimientos de Hipatia tanto en ciencia como en filosofía destacaban por encima de todos los filósofos de su tiempo. Una de sus frases nos puede hacer entender su afán por el conocimiento: “La vida es crecimiento, y cuanto más viajamos, más verdad podemos comprender. Comprender las cosas que nos rodean es la mejor preparación para comprender las cosas que hay más allá.”
En sus charlas explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, los cuales, atraídos por su fama venían de todas partes del Imperio Romano para escucharla. Entre sus alumnos había tanto cristianos como paganos y formaron un grupo muy unido de aristócratas, algunos de los cuales desempeñaron altos cargos.
Hipatia además desarrolló aparatos para medir el aire, los líquidos, perfeccionó el astrolabio y defendía el heliocentrismo (la Tierra gira alrededor del Sol y no al contrario) mil doscientos años antes de que Galileo y Copérnico lo demostraran matemáticamente.
Le tocó vivir tiempos convulsos, pues Teodosio I el Grande había convertido el cristianismo en la religión oficial del Estado por el Edicto de Tesalónica del año  380, Hipatia era pagana y los más exaltados del cristianismo consideraban todo lo pagano, incluido el conocimiento científico, como perseguible. Los filósofos como Hipatia pronto fueron objeto de fuertes presiones. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hipatia se negó a ello, a pesar de los consejos de sus amigos, como Orestes, prefecto romano y alumno suyo, que se había bautizado en Constantinopla antes de ir a desempeñar su cargo en Egipto.
En esos momentos el obispo de Alejandría era Cirilo, que mantenía un enfrentamiento con el prefecto Orestes y por ello sentía hostilidad hacia Hipatia, por ser amiga de Orestes y por las enseñanzas filosóficas que impartía. Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, del año 415 un grupo de fanáticos cristianos se abalanzó sobre la filósofa cuando regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad para después asesinarla.
El obispo Cirilo es considerado responsable de estos hechos, por ser el instigador de la campaña contra la filósofa, como medio de combatir al prefecto imperial Orestes. La muerte de Hipatia levantó un gran revuelo en la ciudad. Tras el cruel asesinato, Orestes informó de lo ocurrido y pidió a Constantinopla que interviniera. El emperador Teodosio II para castigar a Cirilo le retiró los 500 monjes que le servían de escolta durante dos años. El obispo Cirilo, patriarca de Alejandría, murió en el año 444 y fue declarado santo .
No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió activa hasta el siglo VII.
lunes, 21 de enero de 2019

Tengo una cita

Caligrafía de emociones
Jose


Te espero año nuevo.
Besaré tu boca
y me darás tu piel,
mudaré la mía.
Danzaré mi propio ritmo
en el movimiento con el otro
aventurándome a la fragilidad
del eterno presente.
Amándote en cada amanecer,
cabalgando entre nenúfares.
domingo, 20 de enero de 2019

El deseo
de no desear

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Solemos desear a los seres queridos que se cumplan todos sus deseos. Y, cuando felicitamos en los cumpleaños, mandamos pedir un deseo para que se cumpla en el año recién estrenado. Y a veces se cumple y otras veces no.
Un amigo me ha dicho hace dos días que no quiere desear nada, que quiere aceptar lo que venga, como venga.
No es que diga nada nuevo. Uno de los pilares del Budismo es quitar el deseo para evitar el sufrimiento que todo deseo incumplido provoca. Hasta parece una frase hecha. Lo difícil es creer de verdad en ello.
Si deseamos aquello que no tenemos, nuestra mirada y nuestra vida se posicionarán en la carencia permanente y nos instalaremos en la actitud de queja, obviando aquello que tenemos y que damos por hecho. Ni lo vemos, ni lo valoramos, ni lo disfrutamos.
Si en lugar de poner el acento en lo que nos falta, lo ponemos en lo que tenemos, posiblemente nuestro ánimo y nuestra forma de vivir cambien sustancialmente. Valoraremos lo que hasta el momento pasaba desapercibido y podremos alcanzar, incluso, una sensación de plenitud.
Claro que tenemos carencias, por supuesto. Todos. Pero también –todos- tenemos motivos para agradecer, que muchas veces ni vemos. Caminamos maquinalmente en busca de no sabemos qué, que llene nuestro malestar, y no somos capaces de entender que tenemos ya, a la altura de nuestra mano, lo que necesitamos.
Cuando el deseo amenace con arruinarnos el día, démosle la vuelta a la situación, descubriendo y encontrando a nuestro alrededor aquello que contribuye de verdad a nuestra felicidad.
viernes, 18 de enero de 2019

“No te deseo un año maravilloso…”

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla

En estos primeros días del nuevo año, el saludo entre familiares o amigos siempre está cargado de un deseo de dicha: “te deseo un próspero año”, “te deseo felicidad para el 2019”, etc. Pero la felicidad  no se consigue por arte de magia sino que es consecuencia de nuestra actitud ante los hechos “buenos” o “malos” de nuestra vida cotidiana.

Entre las diversas felicitaciones, que en estos días han llegado a mi correo electrónico, está este texto de Mirta Medici (psicóloga), que quiero compartir contigo, querido lector, con el deseo de que en 2019 seamos capaces de ir construyendo nuestras vidas y encontrar el sentido en cualquier situación de los siguientes 365 días del año. Eso es la felicidad.

Texto de Mirta Medici

“No te deseo un año maravilloso donde todo sea bueno. Ése es un pensamiento mágico, infantil, utópico.

Te deseo que te animes a mirarte, y que te ames como eres.

Te tengas el suficiente amor propio ara pelear muchas batallas, y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar por las que no vale la pena luchar.

Te deseo que puedas aceptar que hay realidades que son inmodificables, y que hay otras, que si corres del lugar de la queja, podrás cambiar.

Que no permitas los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”.

Te deseo que escuches tu verdad, y que la digas, con plena conciencia de que solo es tu verdad, no la del otro.

Que te expongas a lo que temes, porque es la única manera de vencer el miedo.

Que aprendas a tolerar las “manchas negras” del otro, porque también tienes las tuyas, y eso anula la posibilidad de reclamo.

Que no te condenes por equivocarte; no eres todo poderoso.

Que crezcas, hasta donde y cuando quieras.

No te deseo que el 2019 te traiga  felicidad. Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque vivir”. 

jueves, 17 de enero de 2019

El Teléfono de la Esperanza de León celebró la Navidad

Marian
Voluntaria del teléfono de la Esperanza


Como años anteriores se celebro la Navidad. El 22 de diciembre  a las 14,30 se desarrollo dicha celebración, en la Escuela de Trabajo Social. No fueron mucho las personas que asistimos, además me pareció  más un encuentro entre amigos, porque  asistieron personas de la asociación "Dones y Talentos", del proyecto "Mayores en Soledad", ex-orientadores del Teléfono de la Esperanza etc.etc.etc..
La comida fue a compartir. Se encargó una paella, y el resto, muchas, y variadas viandas, que se llevaron entre todos los asistentes. Al ser más informal, para mí ha sido más entrañable.
Percibí un ambiente muy agradable desde que llegué. Recibiendo  efusivos besos y abrazos de corazón a corazón. Me sentí muy a gusto. Me encantó encontrarme con personas que hacía tiempo que no veía, otras que conocí. Compartiendo con todos ellos: escucha, risas, bailes, .
Al final de cada día tengo por costumbre hacer una síntesis de lo sentido, y en este día todo fueron emociones positivas: de  felicidad, bienestar, alegría, y satisfacción. En definitiva una fabulosa vivencia, por todo, lo dado y recibido.
Mi agradecimiento a los organizadores, y a la dirección de la Escuela de Trabajo Social, por dejar un amplio y luminoso salón-comedor para tal evento; cuya  finalidad también era redundar en beneficio del Teléfono de la Esperanza, para recaudar fondos, e ir poniendo poco a poco entre todos; de una forma u otra, nuestra colaboración, para la instalación de la nueva sede.