Quienes pueden, pueden porque piensan que pueden.
Virgilio
martes, 31 de julio de 2018

No eres tu, soy yo...



Viktor Frankl nace en Viena, Austria, en 1905 y muere en la misma ciudad en 1997 de un par cardiaco.

Este es un ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y el fundador de la disciplina; que conocemos hoy como Logoterapia.
No eres Tú, soy Yo...
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...
Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".
¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.
Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.
Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella... ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

Nota de la redacción. Amigos de este blog, durante el mes de agosto no vamos a poner entradas. Dejamos esta entrada de 31 de julio para saborearla durante todo un mes. Llevamos diez años puntuales a la cita diaria. Queremos descansar un mes. Hasta septiembre que volveremos a la cita diaria con las mejores ilusiones y ganas. Feliz verano.  
lunes, 30 de julio de 2018

Aferrarse




No te limites
No te aferres
Abre la mente
Abrete a la vida
Libre, sin ataduras, sin miedos...
Deja ir, deja salir, abre los brazos...
domingo, 29 de julio de 2018

La madeja

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Hace años tejía mucho. Me encantaba jugar con los colores y las formas hasta crear lo que iba buscando. Me relajaba y me mantenía atada al momento presente. Supongo que no diré una barbaridad si lo encuadro como una de las muchas técnicas de mindfulness que existen.
A veces, las madejas se enredaban y tenía que dejar el tejido y dedicarme a desenmarañar aquel lío para poder seguir.
Recuerdo que lo primero que buscaba era el origen del ovillo, la hebra suelta que me iba a permitir reconstruir de otra forma la madeja. Y, luego, iba deshaciendo nudos, cruzando el recogido de un lado a otro, hasta conseguir una nueva madeja, distinta a la anterior, pero más consistente, más segura y que me permitía trabajar mejor.
¿Por qué cuento esto?
Porque la vida, en ocasiones, es algo parecido. Tenemos que parar nuestro ritmo, dejar lo que nos traemos entre manos y dedicarnos a arreglar enredos, para retomar después nuestro quehacer.
Y en la vida, del mismo modo que en la madeja, hay que encontrar el origen del lío. Aflojar un poco –no tensando para evitar la ruptura– y buscar la hebra que permita ovillar de nuevo, yendo hacia atrás y hacia adelante, pasando en medio de otros nudos aflojados, esperando, retomando.
Cuando miramos el enredo no queremos entrar en él. Nos da tanta pereza arreglarlo que hasta nos planteamos dejar el tejido. Pero cuando reconstruimos y experimentamos qué bien fluimos después, nos damos cuenta de que, de una forma u otra, necesitábamos ese enredo para avanzar de forma más liviana.
sábado, 28 de julio de 2018
viernes, 27 de julio de 2018

Gesto de generosidad

El País

Rubén, un niño de nueve años de La Pobla de Vallbona, en Valencia, pidió que para su comunión, en vez de regalos, le dieran donativos para un centro de acogida en India, un proyecto que había elegido entre los que tiene Manos Unidas. Rubén recibió 7.075 euros de familiares y amigos y los entregó a la ONG, que destinará los fondos a instalar placas solares en la casa, donde viven 60 antiguas niñas de la calle de cuatro a 18 años, en la ciudad de Guawhati.

La decisión fue del niño, pero la idea la tuvo su madre, Amparo García, dueña de una clínica veterinaria en su pueblo, situado a 25 kilómetros al noroeste de Valencia. "Soy anticonsumista. No me gusta el regalar por regalar, almacenar cosas que al final acaban en el vertedero. Un día se nos va a comer la basura", afirma García por teléfono desde su trabajo.

Tampoco le gusta que los chavales reciban tantos juguetes y regalos que, prosigue, dejan de valorarlos. "Si se rompe, da igual, porque después tendrán otro". Y también quería desvincular a su hijo de la idea de que tomar la comunión consiste, sobre todo, en recibir regalos, lo que desde su perspectiva de católica practicante eclipsa el sentido de la ceremonia como "encuentro con Jesús".

El verano pasado, con su letra de niño que iba a empezar 4º de Primaria, Rubén escribió una carta que su madre distribuyó por WhatsApp a los invitados: "Gracias a Dios, tengo todo lo necesario, así que he pensado que si queríais hacerme algún regalo por este día, podéis darle mucho más fruto haciendo una donación anónima para un proyecto de Manos Unidos en el que estoy colaborando".

El mensaje a los invitados iba acompañado de un tríptico escaneado sobre la iniciativa de Manos Unida en la ciudad india de Guawhati, una ciudad de un millón de habitantes situada en el Estado de Assam, cerca de las fronteras con Bután y Bangladés. El centro acoge a niñas que dormían en la calle y, en muchos casos, han sufrido abusos y han sido explotadas, según explica la organización humanitaria. Lo regentan hermanas Salesianas.

Invitados

García, que está divorciada, asegura que todos los invitados, salvo tres "de mentalidad antigua", aceptaron cambiar los regalos por donativos. Después, ella y su hijo llevaron el dinero a la delegación que la ONG de la Iglesia Católica tiene en el centro de Valencia.

Uno de los regalos que sí recibió Rubén fue el tradicional reloj, que la madrina insistió en hacerle, otro fue una mochila. A nadie se le hubiera ocurrido regalarle una videoconsola a Rubén ya que, aclara su madre, en casa no entran "maquinitas".

Ahora las cosas le van bien, pero García cuenta que procede de una familia "que no era de pedir en la calle, pero sí humilde". De niña comía poca carne y muchas patatas y huevos de las gallinas que criaban en casa. Bastante antes de cumplir los 16 ayudaba recolectar naranjas y la cosecha de cebollas. De aquella época le viene su aversión a malgastar.

Un tanto reticente a hablar con la prensa, Rubén dice que está contento de haber donado el equivalente a un centenar de regalos, pero que de momento no tiene pensado salir del país para ir a visitar el centro de acogida del que se ha convertido en benefactor.

jueves, 26 de julio de 2018

PAX VOSTRUM


TOMARSE LA VIDA COMO UN GRAN VIAJE. 

Estamos en meses en los que tradicionalmente, una gran mayoría de los españoles cogemos vacaciones, y además solemos hacer algún viaje. 

¿Y qué sucede cuando haces un viaje? Que lo preparas con ilusión, que planeas lo que vas a hacer, lo que vas a ver, que lo sientes como un tiempo de disfrute, de alegría, de descanso, de recargar pilas, de desconexión...  
No solemos ver nada negativo en irnos de vacaciones. El significado que las damos es que son una maravilla. 

Y ya una vez que estamos disfrutándolas... las exprimimos al máximo porque sabemos que son efímeras y que tiene un comienzo y un final.  Vivimos y sentimos de una manera intensa lo que en ellas sucede, los paisajes, la playa, la montaña, los lugares que visitamos, las personas a las que conocemos, lo que tocamos, olemos, sentimos, vemos...    Sabemos que todo eso pasará y lo aceptamos sin rechistar...  Son vacaciones y punto. 

¿Qué pasaría si enfocáramos la vida de la manera que lo hacemos con nuestros viajes, con nuestras vacaciones?

En realidad, tienen mucho en común. Los viajes, las vacaciones, la vida, pasan, son efímeros, y todo lo que en ellos se contiene, viene y se va.  
¿Y si aprendiéramos a vivir teniendo esto muy presente? 

Las personas con las que compartimos, los bienes de los que disfrutamos, las circunstancias que en este momento nos rodean..., todo pasa, todo también viene y se va... , como si fuera un largo viaje...

Siente, vive, ríe, llora, ama, come, disfruta, abraza, experimenta, prueba, exprime, descansa, haz, no hagas, percibe, huele, respira, admira, empápate...., porque quizá mañana el viaje se acabe....

Beatriz. 
miércoles, 25 de julio de 2018

El arte de dialogar

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Actualmente, “diálogo” es una palabra que está de moda, en nuestro país, sobre todo entre la clase política. Todos, unos y otros, dicen que quieren dialogar, que tienden la mano abierta al adversario político, pero después de varios años no han llegado a ningún acuerdo. Posiblemente sea verdad, que todas las manos están tendidas, pero ninguna encuentra a la otra para darse un apretón y firmar un pacto. Por algo será. También podemos decir que a otros niveles (familiar, laboral o de amistad), con frecuencia, ocurre algo parecido. Pero, ¿qué significa dialogar?
Alguien  ha dicho que “dialogar es el arte de pensar juntos” Esto supone que no se impone un criterio sino que desde el respeto hacia el otro se llega a una conclusión que satisfaga a ambos. El diálogo es una forma de comunicación oral o escrita. Es un intercambio de información y su finalidad es  encontrar la verdad personal (Diálogo socrático) o de una cuestión en particular.
Podemos decir, pues,  que dialogar es un arte, algo más que un intercambio de ideas. Dialogar, en definitiva, implica hablar, callar y escuchar, para juntos encontrar la solución a un problema.
Dos personas auténticas son las que pueden establecer un verdadero diálogo que les ayude a progresar y crecer psicológicamente. Pero como esta situación no es la más frecuente, hay que tener en cuenta algunas “reglas de oro” para que el diálogo sea positivo:
Sentido de la oportunidad: no podemos decir siempre y en cualquier instante lo que creamos, por la sencilla razón que sea verdadero. También para “dialogar en la verdad” hay que buscar el momento más idóneo para comunicarse.
Ponernos en la piel del otro: no podemos dialogar como si fuéramos dos extraños; así el diálogo sale contaminado; se impone un esfuerzo por intentar comprender la posición del contrincante, no para asumir todo lo que nos diga, sino para comprender al menos su postura.
Las prisas son malas consejeras del diálogo: no podemos dialogar bien si ponemos tope al tiempo que le podemos dedicar. Si decimos “tengo dos minutos, después tengo que irme”, estamos destruyendo el diálogo antes de empezar. Se necesita una dedicación temporal y además una exclusividad: podremos dialogar mejor cuanto más centrados estemos en el tema a tratar.
El arte de dialogar no es conseguir que el otro haga lo que uno desea sino compartir opiniones y proyectos para encontrar la mejor solución. Dialogar es un proceso de búsqueda de la verdad (no mía ni tuya sino la “verdad del nosotros”) que presupone el renunciar a los pre-juicios. Es decir, debemos partir de cero. Aquí podemos recordar un pensamiento de A. Machado:
"¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela”.