Todo lo que das, te vuelve
Inma
Desde que empecé a hacer los cursos del Teléfono de la Esperanza he experimentado una gran evolución en mi crecimiento personal, lo he notado especialmente en la capacidad de escucha, es habitual oír, ni siquiera escuchar, para responder rápidamente tratando de demostrar toda nuestra "sabiduría", interrumpimos, damos consejos dejando a la otra persona como alguien inferior que ni siquiera sabe resolver su propia vida o decimos " eso me pasó a mí" y aprovechamos para soltar nuestro monólogo.
En cambio cuando escuchamos entramos en el mundo emocional de la otra persona y le permitimos ser ella misma, sintiéndose comprendida, valorada, acompañada y en ningún caso juzgada.
Al escuchar me gusta crear una especie de burbuja perdiendo todo protagonismo para que lo único que exista sea la otra persona, es interesante mirar a la otra persona a los ojos, asentir con la cabeza, repetir alguno de los datos que nos aporta para que se sienta escuchada y poco más, el simplemente hecho de escuchar es terapéutico en sí mismo.
Como todo en la vida requiere práctica y la escucha precisa que estemos en silencio, la mejor forma de ejercitarse es a través de la meditación, paradójicamente desde su epicentro surge todo, ya no tengo duda...la salida es hacia dentro.
