La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
martes, 11 de julio de 2017

El paquete de galletas

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Había una vez una señora que debía viajar en tren. Cuando la señora llegó a la estación, le informaron de que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera. Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.
De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer como si nada hubiera pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven. Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos y sonriendo, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo quedaba una galleta, y pensó: “No podrá ser tan caradura” mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco. -¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta. -De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad. Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.
Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: “¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!” De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.
Moraleja: Con relativa frecuencia actuamos con prejuicios ante los demás. Como la señora de nuestra historia que pensaba que todos los jóvenes son maleducados y no tienen respeto por los demás. En ocasiones, ante nuestros padres, pareja o amigos, nos relacionamos con ideas preconcebidas de lo que nos van a contestar. No esperamos sus opiniones sino que ya tenemos elaborada sus “respuestas”, que aún no han formulado. Lo que conseguimos es ir por la vida no respondiendo a lo que nos dicen sino a lo que nosotros ya tenemos pensado. Y lo que nos ocurre es como a la señora de nuestra historia: nos comemos “las galletas de los otros” pensando que son las nuestras.

Tenemos 2 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Adelantarme a los acontecimientos. Ideas irracionales. Hacer juicios....que daño me han hecho en mi vida. Pepi.

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  2. mE HA GUSTdo mucho esta reflexión. Gracias psiquiatra.

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