Avanzamos cuando dejamos de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.

miércoles, 7 de junio de 2017

Decálogo para los familiares que conviven con una persona que padece una depresión

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

Para conseguir el equilibrio entre las tendencias de la persona deprimida y el resto de la familia, habrá que tener en cuenta "algunos consejos prácticos" para reestablecer  la armonía cuanto antes. He aquí los diez más importantes:

I.-La depresión no tiene una lógica aristotélica (causa y efecto), y por tanto no podemos angustiarnos buscando una sola razón, que justifique esa situación clínica. La explicación más aceptada hoy día es que el depresivo tiene una vulnerabilidad biológica, a la que hay que sumar factores psicológicos (circunstancias estresantes, acontecimientos vitales, etc.) y sociales  que favorecen la aparición del trastorno depresivo. Por este motivo, no podemos alimentar el sentimiento de culpa que aparece con frecuencia en los familiares, como si la depresión fuera el resultado sólo de las acciones que se han realizado. Más bien, hay que fortalecer una actitud de comprensión y de solidaridad con el sufrimiento del familiar, que a veces se puede concretizar en la toma de decisiones de algunos cambios en la dinámica familiar (horarios, jornada de trabajo, etc.). 

II.-No podemos presionar al depresivo con cuestiones como: ¿me quieres explicar, de una vez, que es lo que pasa o por qué te encuentras así? ¡Por la sencilla razón, de que él tampoco conoce la respuesta!  No le eche sermones ni le ridiculice. Cuente con él y con sus opiniones. La depresión, aunque dificulta el normal desarrollo de la persona, no la convierte en alguien inútil y sin criterio.

III.- Es un error querer convencer al depresivo para que salga de la depresión. Esta es un estado emocional que no se corrige sólo por la voluntad. La salida de la depresión no es solamente cuestión de la voluntad y de coraje, sobre todo en los primeros estadios de la misma. Con posterioridad habrá que ir  exigiendo al paciente, cuando los síntomas depresivos hayan disminuido, que comience a normalizar su vida en cuanto a horarios y actividades.

IV.- Evitar los enfados con la persona depresiva. Ella no está así por gusto. La   convivencia con una persona depresiva no es fácil, pero esto no justifica las malas contestaciones o las impaciencias. 

V.-Los viajes, las fiestas, las vacaciones no suelen solucionar nada. A veces, es peor el remedio que la enfermedad, pues el depresivo se siente más culpable y más triste al comprobar que, pese al empeño de su familia, no sale de la depresión.

VI.-Es importante facilitar un clima de comprensión hacia el depresivo, que no es sinónimo de permisividad absoluta; ni tampoco dejarse tiranizar por él, admitiendo todas sus demandas y reproches. Sobre todo cuando aparezcan las ideas suicidas debemos procurar crear un clima de confianza  e incluso facilitar que exprese sus ideas de muerte. En este sentido, todos los autores están de acuerdo en afirmar que es más beneficioso poder verbalizar a la madre, esposo, hijos o amigos la intencionalidad de muerte, pues de esta manera ponemos como una barrera para consumar el acto suicida y además es una forma de, si es necesario, poder pedir ayuda profesional.

VII.- Es necesario aplazar las decisiones fundamentales. Cambiar de trabajo, mudarse de casa, separarse, etc., son hechos importantes en la biografía de todo sujeto; y por esto, es preciso un clima de serenidad y tranquilidad para tomar esas alternativas. La depresión es una mala consejera.

VIII.- La depresión es una enfermedad y como tal es un trastorno que tiene su tratamiento y su tiempo de evolución. En principio, la depresión dura un tiempo, más o menos largo, pero siempre tiene un final. Es decir, debemos hacer hincapié en que el pronóstico es favorable y su carácter temporal. Además, habrá que insistir en la necesidad de tomar el tratamiento farmacológico prescrito, durante el tiempo que el profesional considere oportuno, pese a que los síntomas depresivos hayan desaparecido. No hay que olvidar que un tratamiento psicoterapéutico siempre es necesario.

IX.- Desechar razonamientos como: "Estás así porque quieres", "lo que te pasa es que no tienes fuerza de voluntad", "todos tenemos bajones, pero es que tú los exageras mucho". Es comprensible, que en algún momento del tratamiento antidepresivo, el familiar (padre, madre, pareja o hijo/a) sienta rabia, cansancio, incomprensión o incluso gran malestar ante el familiar deprimido, pero no por esto debe dejar de ayudar y acompañar en el duro camino de la superación de la depresión.

X.-Una información veraz y adecuada ayuda a relajar las tensiones familiares y favorecer la recuperación del depresivo y de sus allegados. Por esto, es aconsejable en algún momento del tratamiento antidepresivo (farmacológico y/o psicoterapéutico) que los familiares consulten al psicólogo o psiquiatra sobre la forma más adecuada de comportarse con el familiar que padece una depresión.

Estos diez “mandamientos” se cierran en dos: 1) amarás a la persona que sufre una depresión por encima de todo y 2) tendrás en cuenta las necesidades del resto de los miembros familiares y las tuyas propias.

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Una explicación muy valiosa

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  2. "un tratamiento psicoterapéutico siempre es necesario". Y esto lo dice un psiquiatra..

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  3. Comparto los dos comentarios, y además Pepi (que ha tenido una depresión) indica que la forma de enfrentarse a la enfermedad el paciente, es muy importante para llevar una mejor relación con quien conviva.

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