Avanzamos cuando dejamos de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.

jueves, 20 de abril de 2017

Permítete brillar

Pax Vostrum
Beatriz


¿Sueles brillar a menudo? ¿Te permites ser tú? ¿Conoces tus dones y talentos, dejas que se vean y los pones al servicio de los demás?
La mayoría de nosotros no lo hacemos por miedo a exponernos, por miedo al qué dirán, por miedo a no gustar, por miedo a que se rían de nosotros, por miedo a que nos critiquen y juzguen, por miedo a destacar, por miedo a sobresalir, por miedo a ser diferentes a los demás y por lo tanto, a no ser aceptados.
Es tal el miedo que sentimos que nos impide ser nosotros mismos, nos impide llegar a ser todo lo que somos en realidad, nos hace empequeñecernos y no nos deja ser libres, auténticos y espontáneos.
Últimamente se habla mucho del Síndrome de Solomon, que tiene que ver con todo esto que te acabo de contar.
Fue Solomon Asch, un psicólogo estadounidense, el que acuñó este término gracias a su famoso experimento de Asch 
Ash dice:  “La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría”.                                                                                         
El Síndrome de Solomon  define el fenómeno a través del cual, la presión social y el grupo nos lleva a decir y hacer cosas que no somos ni pensamos por miedo a diferenciarnos del resto, por miedo a que nos juzguen y critiquen, a que nos rechacen,  a que se rían de nosotros, a hacer el ridículo, etc…
Esto es algo que podemos ver y sentir muy a menudo: en nuestras familias, cuando íbamos al colegio, en el instituto, en la universidad, en algún grupo social al que pertenecemos, en nuestros trabajos…
La mayoría… el grupo social… lo “normal”… ejerce una gran presión sobre el individuo.
Somos capaces de cambiar nuestras opiniones y  nuestros comportamientos sólo para encajar con los demás. En nuestra sociedad, además se ejerce mucha presión social sobre los que sobresalen por sus dones y talentos, por su disciplina y esfuerzo, por su aspecto físico, por su sabiduría, por sus valores, por sus resultados…
Si sobresalimos, podemos ser diferentes, no vamos a ser uno más, podemos despertar envidias en otros que empezarán a juzgarnos y a criticarnos, dejaremos de pasar desapercibidos, tendremos que responsabilizarnos de lo que decimos o hacemos, tendremos que aguantar críticas…
Ser uno mismo no es tarea fácil. Requiere de valentía y coraje.
¿Cuántas veces has dejado de mostrarte tal como eres por temor a que tus dones y talentos, tu aspecto, tus logros, tu sabiduría, etc… moleste a los demás? ¿Y cómo te sientes después de hacerlo?
¿Conoces la fábula del burro y la familia?
Te pongo esta viñeta que resume muy bien la misma. Va sobre una familia compuesta por un matrimonio y un burro que los acompaña, que está buscando un lugar en el que quedarse a vivir, pero no les vale cualquier sitio, quieren un lugar en el que sus vecinos los acepten y quieran tal como son.  Pasan por cuatro pueblos diferentes y a su paso estos son los comentarios que escuchan…


“Hagas lo que hagas te van a juzgar”, así que haz lo que te dé la gana.  
Como ves, la familia en todos los pueblos por los que pasan son juzgados y criticados. Da igual lo que hagan, da igual que cambien de manera de “funcionar” que siempre va a haber alguien a quien no le guste.
Este miedo a mostrar lo que somos, trae consigo mucha frustración y falta de realización personal.
Para acabar te comparto un texto de los que yo llamo de nevera, texto que procuro recordarme a menudo para que no se me olvide:
“Nuestro miedo más profundo no es no ser capaces.
Nuestro miedo más profundo es que somos enormemente poderosos.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos, quién soy yo para ser brillante, atractivo, talentoso, fabuloso.
En realidad, ¿quién eres para no serlo? 
El ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada de sabiduría en encogerse para que otros no se sientan inseguros cerca de uno.
Y esto está en todos y cada uno de nosotros.
Estamos predestinados a brillar, como los niños lo hacen.
Y cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente permitimos que otros hagan lo mismo.
Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros.”
Marianne Williamson “Volver al amor”. Aunque esta es la autora, este texto se ha hecho muy famoso porque Nelson Mandela lo pronunció en su discurso de investidura como presidente de Sudáfrica.
Un abrazo fuerte y recuerda permítete brillar.  Me encantará que dejes tu comentario. 

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Precioso artículo Beatriz. Me permito brillar sin que mi brillo aumente mi ego.

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  2. Maravilloso artículo Beatriz
    Para mi también brillar es; cuando sé escuchar, poner límites, hacer silencios, ser diplomática, transmitir: alegría, paz, serenidad etc.etc.
    Y ante todo, y sobre todo, que yo siempre esté conforme conmigo misma. Pepi

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  3. Que realidades manifiesas en el artículo, cuántas veces he callado, he evitado, no he sido yo, por miedo a qué pensarán. Gracias por este magnífico artículo

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