Avanzamos cuando dejamos de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.

viernes, 10 de febrero de 2017

Nicolás Castellanos. Misionero leonés, Obispo Emérito
de Palencia

Ana Gaitero
Tomado de Diario de León

Nicolás Castellanos es el alma y el presidente en España de la Fundación Hombres Nuevos. «Yo fui hombre nuevo creo que desde niño», dice este leonés que es obispo emérito de Palencia y un cura de a pie en Bolivia, donde a Dios le llaman Diosito y ha hecho el milagro de los panes y los peces: «Un euro de aquí son cinco allí». Es Premio Príncipe de Asturias y Leonés del Año. Hizo las primeras 14 escuelas con el apoyo de un mecenas español, Carlos Laborde Pulido, que le dio 400 millones de pesetas y le dijo que no quería catequesis. Pero la gente le pide templos, porque «dicen que donde hay iglesia hay escuela». Con 800.000 niños y niñas sin escolarizar, la educación sigue siendo una asignatura pendiente a pesar de los logros: La fundación ha construido 100 colegios y su labor ha llegado a más de 100.000 niños y niñas. «Un país que no tenga escuela para todos, de cierta calidad y que eduque en valores, no sale nunca de la pobreza», recalca.

El proyecto estrella del aniversario es la construcción de 36 internados para las comunidades del Altiplano. «Hay una escuela en el centro y para llegar tienen que andar seis, cuatro o cinco horas y otras tantas de vuelta. Los internados de allí son de pena: suelo de tierra, humedad, temperaturas de 15 y 18 grados bajo cero, sin catre, sin frasada (manta), sin sábanas y tapándose con montones de periódicos por las noches». Empieza el primero en 2017 con una ayuda de 118.000 euros de la Junta de Castilla y León. Las becas a universitarios —con 350 euros se financia un curso— y la salud son otros de los ejes: «Tenemos un hospital totalmente social con seis campañas anuales de ginecología, digestivo, oftalmología, dentistas etc. en las que colaboran los mejores cirujanos y especialistas de España. Está especialmente orgulloso de la facultad de Teatro, la única de Bolivia que recibe alumnado de toda América Latina y acuerdos con Francia y la Real Escuela de Teatro de Madrid.

—¿Qué es ser un hombre nuevo?

—Tener una visión más sencilla y solidaria de la vida. El sentido de la vida es hacer felices a los demás.

—Después de 25 años ¿Ha soltado las riendas del proyecto?

—Sí, uno de los frutos mejores es que tenemos 22 jóvenes voluntarios, de 20 a 35 años, a los que les dimos carreras, se formaron y hoy están trabajando allí. Soy el presidente de la fundación en España que busca recursos y nada más.

—¿La crisis ha afectado a la captación de fondos?

—Sí. Antes hacíamos seis escuelas al año. Ahora, dos y vale. Ha afectado mucho, aunque seguimos manteniendo el proyecto porque tenemos colaboración y ayudas. Hace tres años, la Diputación de León, con Isabel Carrasco, nos dio una subvención de 42.000 euros para comedores. El Ayuntamiento o la Diputación de Palencia, de Soria, de Burgos, Aranda de Duero, Aguilar de Campoo… Y en León tenemos una oenegé que se llama Alin y todos los años nos financia un proyecto de becas de 15.000 a 20.000 euros. El año pasado tuvimos un disgusto porque presentamos un proyecto en la Diputación y les dieron la ayuda a oenegés de Valladolid, Burgos y no a la de León. Le pregunté al presidente: «¿Por qué a una de León no se le da?» Y me contestó: «Si tú estás cabreado, yo estoy más». No le gustó.

—¿Cómo lleva la relación con los políticos de distinto signo?

—Bien. Con la Generalitat de Valencia, cuando era del PP, tenía una relación espléndida. Nos financió un teatro de 520 butacas de la facultad de Teatro; Castilla-La Mancha, cuando era del PSOE, nos financiaba todos los años tres colegios.

—Llama a todas las puertas.

—Sí, igual que en nuestro proyecto a nadie se le pregunta ni por el credo religioso ni por el credo político. Ofrecemos: ¿Quieres colaborar a reducir las fronteras de la pobreza? Aquí tienes el proyecto. En Palencia, el Partido Socialista hizo un puente nuevo sobre el río Carrión y le puso obispo Nicolás Castellanos. Izquierda Unida dijo que para nuestro obispo es poco un puente y tengo una calle en Palencia. Y los del PP este año me hicieron hijo adoptivo de Palencia.

—¿Ha cambiado la iglesia en Bolivia en este tiempo?

—Allí el sentido religioso es más fuerte que aquí. La gente suele decir: «Diosito ha bajado a vernos». Nuestros proyectos sociales tienen un impacto grande en la gente. Hemos tenido más de 5.000 voluntarios, de España, Alemania, Francia, Chile, Brasil, más bien agnósticos, que en muchas ocasiones me han dicho: En esta iglesia y en este Dios yo también sería capaz de creer.

—¿Qué papel tiene el Estado en su proyecto?

—Lo que aquí es la escuela concertada allí es la escuela de convenio. El Estado paga a los profesores, pero con el dinero de Bolivia no se ha hecho casi nada. Todo es ayuda de España, Alemania, Italia, Suiza… Al actual presidente todo lo que huela a iglesia no le interesa.

—¿Esa posición de Evo Morales respecto a la iglesia les da problemas?

—No, no. Ninguno. Evo Morales está enfrentado a los obispos pero nos deja hacer.

—¿Le ha tratado personalmente?

—No, nunca. Cuando vino el papa dijo: Quiero que el altar del papa sea como el de esa linda iglesia del plan 3000 que hicimos nosotros. Ha visitado alguna escuela, pero nunca tuve relación.

—¿Ha cambiado el país con él?

—Algunas cosas. Antes había un 35% de personas en extrema pobreza, ahora son un 25%, pero hay otras lacras muy fuertes (corrupción, el narcotráfico y contrabando). Las pobres empresas de Bolivia quedan asfixiadas porque traen ropa usada de Panamá, Estados Unidos, que venden a medio precio. Han sido buenos con las materias primas. Ha habido mejoras, pero la escuela no ha mejorado nada: sigue siendo memorística y repetitiva. Es una pena.

—Aparte del trabajo en las escuelas, el teatro y las becas, ¿qué más hacen?

—Allí los ancianos están muy desprotegidos. Tenemos un centro de día con actividades para que estén entretenidos y puedan hacer al menos una comida al día. También llevamos un proyecto con la cárcel, que es para mil personas y tiene cinco mil. Trabajamos mucho y bien. Tenemos un cónsul excelente, Joan Borrel, hijo del exministro. Cuando él llegó había 60 españoles en la cárcel. Ahora quedan tres. Cuando salen él va a la cárcel a buscarles y nosotros les acogemos mientras se tramitan los papeles. Hemos arreglado dentro de la cárcel un pabellón que era de tierra y no tenía catres. Vamos a pasar la Nochebuena y la Nochevieja con ellos.

—¿Tráfico de drogas?

—Sí, todos son por tráfico.

—¿Ha acogido algún leonés?

—Pues sí. Un leonés, que estaba con una chica de Guardo. Fui a verles y me pidieron ayuda para montar un negocio en la cárcel. Bueno, según sea el negocio, les dije. Querían poner una lavadora para montar el servicio de lavandería. Se la compramos por 800 dólores. Cuando salieron dijeron que escribirían, pero nunca más supe de ellos.

—Para que digan que los leoneses no son emprendedores...

—(Risas). Exactamente. Vivieron de maravilla porque allí un rico en la cárcel puede montar la suite a su estilo. La corrupción funciona.

—¿A usted le han intentado corromper?

—No, saben que somos honrados. Saben que euro entregado de aquí, allí lo convertimos en cinco euros. En vez de quitar el 50%, lo damos.

—El milagro de los panes y los peces.

—Sí, llama la atención todo lo que hemos hecho en 25 años con una transparencia total.

—Acaba de publicar dos libros: ‘Ser persona humana hoy’ y ‘El espíritu sopla desde el sur’. ¿Ha sentido la necesidad de contar su experiencia?

—Sí, y también decir por donde creo yo que tiene que ir la renovación. Hablo de las reformas de Francisco, de seis o siete temas que está impulsando el papa y yo tengo intención de apoyar: Volver al evangelio, aplicar el Concilio Vaticano II y ser una iglesia capaz de dialogar con el hombre y la mujer de hoy. La sociedad de hoy no tiene nada que ver con la de antes.

—¿Cuáles son esos temas cruciales?

—Con el papa Francisco ha venido una oleada de oxígeno que nos hace volver la vista a esa realidad del 75% de pobres que hay en el mundo. No podemos ser insensibles. En Bolivia lo vivimos muy fuertemente: el 70% son pobres y el 30 son ricos, muy ricos, no hay clase media. Hay unas desigualdades muy grandes y en esa línea va mi libro.

—¿Qué reformas pide?

—Una muy clara: No es razonable ni justo que la mujer no tenga ninguna capacidad de decisión en la iglesia. Eso hay que cambiarlo. El papa ya ha mostrado sensibilidad hacia este problema. Una ocasión para introducir a la mujer en la iglesia era hacer cardenal a la madre Teresa de Calcuta, que era aceptada por todos. Los laicos tienen que tener un mayor protagonismo. Por otro lado, el papa ha puesto en el centro a los pobres: a mí se me cae el alma a los pies ver que los niños no pueden hacer tres comidas al día. Hacen desayuno y cena con un ‘pansito’ y un ‘tesito’. En Bolivia mueren al año 14.000 niños y niñas por causas evitables. Un 27% de bolivianos pasan hambre severa siendo, por otra parte, un país rico. Tenemos 800.000 niños y adolescentes trabajando: No hay derecho que a estas alturas los niños bajen a la mina.

—Realidades inimaginables aquí.

—Con la ayuda de la Generalitat de Valencia hemos hecho un internado para los hijos de los zafreros. Los niños iban también a cortar la caña del azúcar como siervos de la gleba. Ahora viven en la escuela y el fin de semana van a ver a sus padres. Nosotros tenemos siempre la preocupación de dar respuestas a las necesidades reales y sentidas de la gente.

—¿Logrará el papa hacer esas reformas con tanta resistencia como hay en la iglesia?

—Hay mucha oposición, pero las está haciendo. Jesús hizo un proyecto humanitario basado en la libertad, la dignidad y la liberación de todas las esclavitudes. El papa quiere volver a esa inspiración del evangelio para que se superen esas desigualdades. Aquí en Europa, aunque allí no se siente, está todo el tema de los prófugos, los emigrantes. Yo creo que lo está haciendo muy y ese es el camino.

—¿Es un momento crítico en Europa?

—Mucho. Aquí hay una barrida de muchos valores y a Dios se le tiene aparcado. Allí no, allí se encuentran con ‘Diosito’. Yo por ejemplo no pensaba hacer iglesias y cuando vas al barrio y preguntas: Primera necesidad dicen: templo. Segunda necesidad: templo. Tercera necesidad: templo. Y les digo, ¿por qué?. Me dicen: Primero, hay que estar bien con Dios. Segundo: Donde hay iglesia, hay escuela, hay cancha… hay todo.

—La religión es el opio del pueblo, decía Marx

—La gente dice Diosito ha venido a vernos. En otro tiempo podría ser, pero hoy día no. La iglesia de Bolivia es la institución de mayor credibilidad del país. Todo lo contrario de España, porque la iglesia está con los pobres, acompañando su proceso de desarrollo y de educación.

—¿Qué papel ocupan las mujeres en su proyecto?

—Centramos el proyecto en la mujer, porque ella es la fuerza de la familia, el motor. En todos los programas está presente la cuestión de género. Nos preocupamos de que vayan a la universidad, que se formen, se capaciten… Tenemos también un vivero de microempresas donde formamos emprendedores, más emprendedoras que emprendedores. La mujer es un agente vital e imprescindible.

—¿Por qué eligió Santa Cruz?

—Me rechazaron cuatro obispos de Bolivia, decían que era comunista y de la teología de la liberación. El arzobispo de Santa Cruz, que acaba de morir, Julio Tarrazas Cardenal, buen profeta, nos aceptó y fuimos allí.

—¿Y Bolivia?

—Me invitaron los agustinos de Bolivia a dar unas charlas en el 88, cuando era obispo de Palencia. Ya estaba con la idea de renunciar e irme de misionero. Fui a Bolivia y me enamoré. Es el país más pobre de América Latina después de Haití. Como anécdota, recuerdo que le pregunté al director del Banco de Santander: ¿Tenéis alguna agencia allí? Me dijo: Por la razón contraria a la que tú vas, buscando pobres, a nosotros no nos interesa.

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Una gran lección y satisfacción. Ver que hay gente que toda su vida; han estado y siguen estando entregados hacía los pobres, desamparados......Pepi

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  2. El sentido de la vida no es hacer felices a los demás.

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