No hay hombre más desdichado que el que nunca probó la adversidad.
Séneca
lunes, 30 de enero de 2017

El hombre,
¿lobo o cordero?

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Es la cuestión con la que Fromm comienza uno de sus libros (El corazón del hombre) y es la pregunta que uno se puede hacer ante tantas muertes de mujeres  por la violencia machista o del último atentado en Berlin. Nos podemos, seguir preguntando, ¿cuál es el origen de la violencia).
A este respecto existen dos posturas extremas : los autores que defienden que la agresión está relacionada con el instinto programado filogenéticamente  y  que busca la descarga  ;  en el otro lado, están los que defienden, que  la agresividad está en relación con el medio ambiente, es decir, los factores sociales y culturales, serán los mas influyentes para que aparezca  o no.
En ambos casos, en definitiva, la agresividad será la ruptura de la armonía del individuo consigo mismo y con el medio.
Todo ser humano tiende a la homeostasis personal  y con el entorno. En esto consiste la felicidad. Se conseguirá siempre que sepa conjugar sus deseos y necesidades, con las exigencias del ecosistema. Un desfase producirá la frustración y consiguientemente el sentimiento de fracaso y la pérdida de la omnipotencia: soy frágil, soy vulnerable, soy culpable. Y aquí puede surgir la agresividad hacia fuera como síntoma compensatorio, o bien la agresividad hacia dentro como forma de purgar una hipotética  falta: " no lo he conseguido por mi culpa" y se puede producir una conducta suicida.
Por otra parte, "el instinto de vinculación"  es tan poderoso que ante su ausencia aparece una salida patológica : destruirse o destruir al otro. Aquí, la agresividad se manifiesta como el único camino válido para superar la vivencia de soledad y de aislamiento. Al menos "cuando me peleo- me decía un adolescente -  siento que mis padres están ahí ". Al otro se le percibe al menos como enemigo, pero ya no se encuentra solo. La agresividad puede convertirse en la única vía de comunicación  entre los familiares o amigos.
La respuesta  a la pregunta inicial es compleja como todo fenómeno humano.  Pero nos atreveríamos a decir que la cuestión está mal  planteada: habría  que reformularla no de manera disyuntiva sino  copulativa. El hombre es lobo  y  cordero. Se manifiesta con conductas destructivas (hacia el exterior y contra sì mismo)  y con acciones productivas y positivas, que favorecen  el crecimiento psicológico del individuo y de los demás. Así existen personas terroristas, violadores, etc. pero también conocemos a personas como Teresa de Calcuta, Gandi, y un  largo etcétera de personas anónimas que pasan por la vida haciendo el bien. Así, pues, el hombre puede ser  lobo y cordero, pues en definitiva es libre.

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. ¿No será que dentro de cada uno hay un lobo y hay un cordero? Qué le parece al psiquiatra?

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  2. "Todo ser humano tiende a la homeostasis personal"; "la cuestión habría que reformularla no de manera disyuntiva sino copulativa".

    Palabras rebuscadas, giros del lenguaje sofisticados para parecer que se tiene dominio de lo que se habla, pedantería en definitiva. Un lenguaje que busca tener poder sobre los demás.

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  3. ....."la agresividad, será la ruptura de la armonía del individuo consigo mismo y con el medio". Pepi añade, que si nos llegamos a encontrar así; debemos de escuchar nuestro interior y tratar de: aceptarla, integrarla, asumirla, superarla....., porque si no nos hacemos mucho daño; primero hacia nosotros mismos y después hacía los demás.

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