Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
viernes, 18 de noviembre de 2016

Nawal al Saadawi

Tomada EL MUNDO, 2016
La voz feminista que lucha contra la mutilación genital de la mujer

Cuando Nawal al Saadawi (Kafr Tahl, 1931) tenía ocho años, comenzó a preguntarse por qué ella siempre se quedaba con su madre cocinando. Mientras su hermano, un año mayor que ella, no hacía nada ya que sus padres no le dejaban mover un dedo en el hogar.
- Papá, ¿por qué no hace nada mi hermano en la casa?
- Porque es un chico. Es lo que dice Dios.
Esa respuesta la enfureció tanto que se encerró bajo llave en su habitación y le escribió una carta a Dios. "Querido Alá, mi abuela me ha contado que eres justo, así que no entiendo por qué prefieres a mi hermano, que es un vago, antes que a mí". Así comenzaba la misiva que no llegó a enviar por miedo. Finalmente, la quemó dado que no sabía en qué dirección vivía Dios, según relata a EL MUNDO la feminista egipcia en la habitación de un hotel situado en la arteria principal de la capital española.
Nawal participó este martes en un coloquio titulado "Feminismos en el mundo árabe" celebrado en Casa Árabe junto a la especialista argelina en temas de género, Wassyla Tamzali, y las dos profesoras españolas Nieves Paradela y Eva Lapiedra. Abordaron durante esta mesa redonda la compleja situación en la que viven las mujeres en las sociedades árabes actuales y la lucha por sus derechos.
"El feminismo islámico no existe. Es una contradicción", asevera la doctora al igual que asegura que "el hiyab [el velo islámico que cubre la cabeza] es un símbolo claro de opresión". Lanza una cuestión para defender esta afirmación: "¿Por qué los hombres no se cubren con un velo?". Y es que, según comenta, "las mujeres siempre se han cubierto las partes inferiores por pudor a insinuar la sexualidad femenina pero, ¿por qué tenemos que taparnos la cabeza? Ahí se encuentra nuestro conocimiento por lo que no debe cubrirse. ¿Es que acaso significa una vergüenza enseñar al mundo nuestro conocimiento?". Durante la entrevista, recuerda a la escritora Fátima Mernissi, una de las voces pioneras del feminismo musulmán, fallecida el pasado verano: "Era una gran amiga mía pero en sus últimos años tendía a apoyar el islam".
- ¿Pero usted no defiende el islam?
- "Nunca podré defender el islam. De hecho, no defiendo ninguna religión. Son todas iguales. He leído el Corán muchas veces y lo he comparado con otros libros sagrados de otras religiones y son similares. ¿En qué? En que todos están en contra de las mujeres".
La definición de feminismo no supone un quebradero de cabeza para la escritora egipcia: "Es un concepto bastante simple. Cuando eres capaz de enfrentarte a la justicia y de cambiar la mente de algunas personas, ya formas parte del feminismo".

La segunda de nueve hermanos, Nawal al Saadawi creció entre dos clases sociales: la obrera de su padre y la burguesa de su madre. Cuando sólo tenía seis años, sufrió la mutilación de su clítoris, una herida que queda abierta para siempre. En 1972, cuando publicó una serie de libros titulados "La mujer y el sexo", tuvo que luchar para condenar estas agresiones en un país donde más de 27 millones de mujeres egipcias, la mayoría en edad fértil, han sufrido esta práctica.
Además, ha pagado el precio de luchar. Un año en prisión por ir en contra del Gobierno del ex presidente egipcio Anuar al Sadat. Allí, escribió sus memorias en varios trozos de papel higiénico. "Existe un feminismo gubernamental, propio de las organizaciones internacionales, con el que se hacen ricos. No es lo mismo si no has sufrido por ser feminista", afirma la doctora que fue profesora visitante en la Universidad de Duke, aunque siempre quiso ser bailarina.
Autoproclamándose "revolucionaria", Nawal achaca toda la opresión que sufre la mujer árabe y en países musulmanes al colonialismo acaecido en estos últimos siglos. En el caso de Egipto, culpa a los colonialistas británicos de "utilizar la religión como medio de separación entre el pueblo" y como consecuencia, "han detenido el desarrollo de estos países". "Mi madre era mucho más libre de lo que es ahora mi hija", ratifica.
En un universo donde "no existen las fronteras", le molesta que se hable en términos de "la mujer en el islam" o "la mujer árabe". "Todos somos iguales. Estamos en el mismo bote", afirma considerando que no debe existir esa separación entre Oriente y Occidente.
Aunque nunca se haya unido a un partido político, intentó fundar uno en Egipto formado únicamente por mujeres donde el feminismo fuese su única ideología. Sin embargo, se lo prohibieron: "En el Gobierno egipcio donde reinaba un dictador [llama a todos los líderes políticos mundiales de esa manera] no me permitieron formar mi propio partido. Lo peor de todo es que los salafistas sí tienen su partido político", añade la escritora galardonada con varios premios internacionales.
A sus 84 años, Nawal al Saadawi se ve rodeada a diario de jóvenes, como el joven agente que le acompaña durante todos sus viajes alrededor del mundo, que han leído sus libros y han acudido a ella descontentos por la situación que atraviesa el país del Nilo. Coqueta y con una mirada cegadora suelta su melena canosa clamando que la revolución que comenzó en la mítica plaza de Tahrir no caiga en el olvido.

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