Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
miércoles, 17 de agosto de 2016

Entrevista a
Joan Garriga (I)




Su voz pausada y sosegada contrasta con sus, a menudo, provocativas lecturas de la realidad. Psicólogo y co-creador del Institut Gestalt de Barcelona es el mayor especialista en ‘constelaciones familiares’ de nuestro país y el primero en invitar a su creador, Bert Hellinger, a dar a conocer su trabajo dentro de nuestras fronteras. Ha publicado tres libros y el próximo marzo verá la luz el cuarto “La llave de la buena vida” (Ed. Destino)
Pero voy a confesar algo: Joan Garriga es alguien a quien admiro y que, además, es amigo desde hace años. Su capacidad para la lectura poliédrica de los hechos, su mirada compasiva y su lógica diferente encierran sabiduría. Así que tal vez el afecto y ese aire que tienen las conversaciones relajadas, entre amigos, se deje sentir en algún momento de nuestra conversación. Aún así, sus palabras no tienen desperdicio.
¿Por qué un nuevo libro? ¿Qué querías contar?
Llevaba tiempo queriendo hablar de la llave que abre las puertas del ganar y el perder. Tenemos que ir equipados con ella y enseñar a nuestros hijos a manejarla porque las ganancias y las perdidas nos visitan invariablemente en la vida. Así que inventé una llave con tres dientes para simbolizar los tres recursos que nos asisten y que nos evitan tres grandes pecados en los que podemos incurrir.
¿Cuáles son esos recursos?
El primero es el coraje, la valentía, para darle a la Vida lo que tenemos que darle. A menudo se trata de dones o regalos que hemos recibido y no hemos elegido. Por ejemplo, el que tiene talento para la música o para la cocina debe entregarlo y quien tiene talento para la maternidad debe hacer lo mismo para hallar el bienestar.
Desarrollando su talento hay quien se hace rico...
Pero para saber ganar y saber administrar las ganancias hay que tener una cierta grandeza en el corazón. Hay que entender que muchas veces lo que nos llega como don no es para nuestro engrandecimiento sino para ponerlo al servicio de la Vida.
Pero hay quien no desarrolla sus dones...
A veces las personas prefieren no tomar sus dones por cobardía porque eso les pone en el riesgo de fracasar, de no ser reconocidos o de poder ser avergonzados. Esas personas encogen su espacio existencial y en lugar de asumir la grandeza de lo que tienen y entregarlo, no lo hacen. Y esto es un pecado porque la Vida es una invitación continua a entregar lo que tenemos.
Bien. Imaginemos que alguien entrega sus dones. ¿Qué viene después?
Espera, porque hay que tener cuidado con no intentar dar a la Vida lo que no tenemos. La impostación, la falsedad y el artificio están ahí e incurrimos en ello cuando en lugar de escucharnos profundamente en nuestro interior nos identificamos con un personaje ideal, y pretendemos ser quien no somos.
¿Hablamos de roles, por ejemplo?
Sí, de cuando nos identificamos con el futbolista, el abogado o el monje. Ahí nos impostamos porque creemos que con el personaje nos va a ir mejor que estando en contacto con la realidad de quien somos. Pero esa experiencia no puede traer bienestar.
¿Y si además somos un futbolista, un cantante o un escritor de éxito...?
Ganar es muy dulce y que la vida nos sonría produce un cierto tipo de felicidad que es muy agradable. Pero dicho esto también hay que decir que como las ganancias son agradables, la tendencia del yo personal es querer multiplicarlas y corremos el peligro de acabar identificándonos con los logros y los éxitos. Si nos va demasiado bien
corremos el riesgo de alejarnos de nuestro ser, de nuestra naturaleza, de nuestra humildad... para quedar identificados con un personaje que en realidad no somos.
¿Qué habría que hacer entonces?
Poner verdad, veracidad, transparencia para generar amor por uno mismo. Confiar en que siendo quien uno es nos irá bien. Ese es el segundo recurso que se necesita para una buena vida.
¿Y el tercero?
Es el más básico, la madre de todas las perversiones y los talentos humanos: el recurso de la consciencia.
.../... mañana la segunda parte...

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