Avanzamos cuando dejamos de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.

miércoles, 13 de julio de 2016

Psicología del riesgo

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


El hombre actual vive en una “sociedad de riesgo” (según Beck), donde ha superado los criterios de producción de la sociedad industrial para centrarse sobre todo en el “valor de la seguridad”: Así se han multiplicado los seguros de vida, seguro de accidente, seguridad de las relaciones sexuales para evitar el SIDA o la misma preocupación por la salud, como en un intento por evitar a toda costa la enfermedad y la muerte.
Pero la seguridad absoluta no existe, por lo que el ser humano debe aprender a vivir en la cuerda floja del riesgo, para no caer en la crisis y deslizarse hacia su propia destrucción.
El término “riesgo” es una palabra latina que aparece históricamente en el siglo XII y XIII en algunas ciudades  de las costas italianas, en relación con el comercio marítimo y el desarrollo en tierras lejanas.
La situación de riesgo, pues, sugiere lo que no debería hacerse, para conseguir el triunfo, pero no define lo que se debería hacer para conseguir el objetivo; es pues, una posibilidad de fracaso, pero también de éxito; las notas características del riesgo son: hace referencia a decisiones humanas y por lo tanto son evitables (en esto se diferencian de los peligros), son cuantificables (y por lo tanto se pueden valorar las posibilidades de éxito y se pueden controlar) y además pueden ser imputables si no se han puesto los medios óptimos para evitar el fracaso. Sin embargo, el peligro  implica una amenaza real sobre la cual podemos actuar para evitar un desenlace negativo; el peligro emerge en situaciones de incertidumbre y no depende de nuestras acciones, ni decisiones y sólo nos podemos enfrentar a él de forma defensiva.
Por esto, ante un enfermo diagnosticado de cáncer terminal habrá que hablar más de “peligro” y no de “riesgo” de muerte, pues el desenlace no depende del propio sujeto sino de la evolución de la enfermedad.
El riesgo nos enmarca en un horizonte ambivalente donde los éxitos pueden estar acompañados de fracasos. El riesgo nos impulsa a una decisión: acertada o no. No obstante, la vivencia de riesgo puede provocar en el ser humano la tendencia a la pasividad y a la no acción. Así, si temo que me rechacen una oferta de trabajo no me arriesgo a plantearla. De esta forma evitamos la posibilidad de fracaso, pero también la posibilidad de éxito.  
El riesgo está en confrontación con la propia tendencia del ser humano al control y al equilibrio. Es cierto, que la felicidad se ha definido como un equilibrio entre las necesidades del ser humano y sus posibilidades, pero es obvio que ese equilibrio no es estático y para progresar es preciso un desequilibrio (crisis) que nos posibilite un nuevo equilibrio más sano y maduro. Sin riesgo no se puede crecer psicológicamente y sin crecimiento no podemos lograr la felicidad. Así, pues la secuencia completa es: riesgo-crisis-crecimiento psicológico.

Tenemos 2 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Este proceso a veces nos viene sin esperarlo y para mí, por muy duro que me resulte, me enfrento a ella, para lograr un avance en mi crecimiento personal. Pepi

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  2. Me sumo a esta reflexión:
    " Sin riesgo no se puede crecer psicológicamente y sin crecimiento no podemos lograr la felicidad"

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