Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
viernes, 22 de enero de 2016

Apuntes para una psicología de la esperanza

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra
El “hombre doliente” de Viktor Frankl se complementa con el “hombre esperante” de Laín Entralgo. El abanico del significado de “esperanza” es extenso. Abarca desde lograr  la comida para hoy, hasta tener esperanza en la vida eterna. El ser humano, pues, se desarrolla entre las “esperas inmediatas” hasta la “esperanza última del sentido de la existencia”, pasando por los pequeños logros, que todos vamos conquistando. La esperanza es la pregunta que la persona se hace sobre su situación concreta y sobre su situación última, y se la hace desde la posibilidad (“espera”)  de encontrar una respuesta, no desde la angustia que bloquea toda acción sino desde la serenidad y confianza. La respuesta a esa pregunta es el sentido.
Laín Entralgo (1962) distingue entre aguardar, esperar y esperanza. Lo primero se refiere a un hecho concreto (“estoy esperando el tren”) y sobre lo segundo se pregunta el autor cómo espera el mineral, el vegetal, el animal y el ser humano, y responde: el mineral tiene un “futuro indeterminado”. No se cuál será, por ejemplo, el final de este trozo de piedra que tengo entre mis manos; el vegetal y el animal tienen un “futuro determinado”: su ciclo vital: nacimiento, crecimiento, reproducción, declinación y muerte. Insiste en que el animal es capaz de “esperar” (en respuesta a un estímulo conocido) pero no de tener esperanza. Por ejemplo, mi perro Coco espera  que vengan mis hijos pero es como respuesta al timbre de la puerta. Coco puede esperar, pero no puede tener esperanza. La esperanza es patrimonio de los seres humanos.
La esperanza podemos afirmar que es un “hábito constitutivo” y uno de los modos de ser “más radicales y permanentes” del ser humano. Esto no impide que existan oscilaciones incluso en el propio individuo respecto a su espera. Todos al menos esperamos seguir viviendo. Esta espera constitutiva se convierte en desesperación cuando “el futuro inmediato se muestra amenazador y su amenaza parezca exceder los recursos del esperante”; y será esperanza genuina cuando está revestida de confianza y tiene un proyecto para seguir viviendo.
La esperanza no es que sea una estado (“tengo mucha esperanza”) sino que es una forma de ser (la persona es esperanza). Así, pues, el hombre no puede no esperar, pues esto forma parte de su constitución, pero si podemos desarrollarla o perderla. Nunca será una pérdida total y absoluta, como nunca conseguiremos un nivel de esperanza máximo. Lo cierto es que el ser humano espera con esperanza o desesperanza. Pero esto es otra historia que contaremos otro día.

Tenemos 1 comentario , introduce el tuyo:

  1. En el Teléfono de la Esperanza nos volcamos en la esperanza: hacer ver al ser humano que la esperanza es constitutiva de su ser. Esta reflexión aclara conceptos. Me ha gustado. Jairo

    ResponderEliminar