Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
miércoles, 16 de diciembre de 2015

La escucha en situaciones límites

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Cuando comienzo a escribir esta colaboración aún resuenan en mis oídos los disparos en una sala de fiestas de Paris y en mi retina persisten las imágenes de las carreras de los peatones para huir de la muerte. Y me viene a mi cabeza un pensamiento de Freud: “la ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tan eficaz como unas palabras bondadosas”. Y es en las situaciones límites donde esa idea de Freud recobra un significado pleno: la escucha activa es un buen ungüento para las heridas del espíritu.
El arte de escuchar se complica en las situaciones límites. Ahí es como si el dolor se multiplicara por todas las víctimas y familiares que viven ese sufrimiento, y además el sentimiento (la rabia, la impotencia, la culpa, etc.) surge a borbotones entre los supervivientes. El interlocutor se ve tan invadido por ese “gran dolor”,  y por esto,  a veces le cuesta poner una distancia saludable con las victimas y familiares.
Entre las características de la escucha en situaciones límites, señalamos las siguientes:
Primacía del contacto físico sobre la palabra: ante el llanto desgarrador de la madre que se ha enterado que su hijo ha fallecido en un atentado terrorista o los gritos de reproche del marido cuando le comunican la muerte de su mujer en un accidente aéreo solamente podemos dar un abrazo o un fuerte apretón de manos como transmitiendo nuestra solidaridad y nuestro dolor compartido. Aquí sobran las palabras, las explicaciones o el buscar culpables ante tanta tragedia. Estar ahí, con la persona que sufre, es la única manera que tenemos para mitigar su dolor. No obstante, ante todo debemos respetar al sufriente, pues a veces, éste por los rasgos de su personalidad, huye incluso de todo contacto físico.
Primacía del “aquí y ahora”: en esos momentos de gran dolor no podemos tomar una actitud terapéutica rígida, como sería intentar descifrar el origen del sufrimiento, como lo hacemos cuando entrevistamos a una persona en nuestro despacho, tras pedir hora. Por esto nuestra preocupación se debe centrar en las necesidades tanto físicas como psíquicas de ese instante: ofrecer una tila o un café, buscar un analgésico para el dolor de cabeza o posibilitar la exteriorización de los sentimientos más negativos: rabia, culpa, etc. Todo ello en un clima de tolerancia máxima, siempre y cuando no exista ningún peligro para algunas de las víctimas. Sería un error intentar “psicologizar” esa situación buscando una explicación del sufrimiento o analizando el tipo de vinculación entre los familiares o su resolución del Edipo, por ejemplo. El sufrimiento está ahí y el ayudador está para contenerlo y en todo caso intentar canalizarlo, para que las consecuencias sean las mínimas. No olvidemos que las víctimas necesitan ayuda, pero eso no significa que sean enfermos mentales.
Huir de los estereotipos: “esto pasará pronto”, “al parecer no sufrió”, etc. Cuando el dolor está a flor de piel estas palabras suenan a huecas y sin sentido, y en ocasiones se pueden vivir como un ataque. Es lo que ocurrió en mi experiencia de IFEMA cuando estábamos atendiendo a los familiares de los atentados terroristas de los trenes de Atocha. En un momento dado una psicóloga, que me acompañaba, preguntó a la madre que había perdido a su hija de veinte años: ¿Cómo se encuentra VD.? Pregunta que en otro contexto sería totalmente inofensiva, provocó la desesperación y la rabia de la interlocutora. Pues como ella misma dijo: ¿Cómo quiere que me encuentre si me han matado a mi hija?
La importancia de la contención:  entendida, no sólo como receptáculo del sufrimiento ajeno, sino como un medio para evitar la descompensación del sujeto o la caída al vacío; y esto se consigue, no con soluciones fáciles, sino con una actitud cálida, comprensiva y firme que provoque seguridad en el cliente. Pero además, esa actitud contenedora no debe provocar la toma de decisiones aceleradas, que lo único que refleja es la inseguridad del ayudador.
La importancia del “nosotros”: en las situaciones límites se constata que cuanto más cohesionado esté el grupo menos perturbación producirá la tragedia. En estas situaciones una cosa es evidente: las razones sirven poco, lo que ayuda es la proximidad, la solidaridad, la transferencia positiva. Por esto es necesario crear un clima de comprensión, no de razones, para abortar la angustia. Debemos pasar de un tú, y un yo, a un nosotros, que potencie un clima de confianza y seguridad. Por esto podemos afirmar que toda conducta que favorezca la cohesión del grupo y fortalezca los valores de solidaridad y comprensión será una buena fórmula para paliar la angustia en estas situaciones.
El encuadre no tiene límites espaciales ni temporales: nuestra ayuda en las situaciones límites no tiene ningún condicionamiento temporal (puede durar minutos, horas o días) y además se puede realizar en el hospital, en su domicilio o en cualquier otro lugar.
La comunicación verbal debe ser breve: nuestras intervenciones serán cortas y concisas con mensajes  claros. Y en algunos casos habrá que consignarlo en un papel (dirección del hospital, el número de urgencias, etc.) para evitar olvidos o confusión en la víctima.
Una utopía
La ternura, la compasión, la atención y la solidaridad son algunas de las “píldoras”, que en cualquier circunstancia, pero mucho más en las situaciones límites, nos pueden facilitar un crecimiento psicológico adecuado y en otros casos evitarán que surja alguna grave patología psíquica. Bellamente también lo expresa Freud: “al fin y al cabo hemos de comenzar a amar para no enfermar, y enfermaremos en cuanto una frustración nos impida amar”. De todos nosotros depende, pues,  que esa utopía se haga realidad o no.

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Valiosa aportación del psiquiatra. Me hace recordar aquella frase. "cuando esté mal no me digas nada, simplemente dame tu mano"

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  2. Qué bella exposición. Cómo se aprende con ella. Para esos momentos tan críticos solo se pide cercanía, ternura, compasión, amor.El contacto físico a modo de abrazo es lo que más consuela. Jairo

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  3. Me gusta las exposiciones tan claras, concretas, y concisas, que nos presentas Alejandro, además llenas de enseñanzas.
    Aunque no haya una tragedia en mi vida, recibir; cariño, amor, etc..es para mi siempre muy beneficioso. Pepi.

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