La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
miércoles, 25 de noviembre de 2015

“Me quejo…
luego existo”

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Parafraseando a Descartes (“Pienso, luego existo”) podemos afirmar que algunas personas cambian este lema por este otro: “Me quejo… luego existo”. Es decir, el motor de sus vidas es el malestar, las contrariedades cotidianas y los pequeños y grandes adversidades. Solamente contemplan su existencia a través del cristal oscuro de las gafas de la tristeza o de la envidia, los celos o el aburrimiento. Si surge algo “positivo” en sus vidas, lo “borran” indicando el lado oscuro de esa realidad. Veamos algunos ejemplos, entresacados de la vida cotidiana:
  • “Estoy bien con mi marido/mujer… pero ronca”.
  • “Mi trabajo es gratificante… pero está muy lejos de mi casa”.
  • “El médico me ha prescrito un buen tratamiento, que me sienta muy bien… pero son muchas las pastillas que me tengo que tomar”.
  • “Tengo muchos amigos… pero algunos son muy pesados”.
  • “Mis hijos son buenos chicos… pero temo por su futuro”.
  • “Las vacaciones han sido fantásticas… pero hacía mucho calor”
Y la lista se puede hacer interminable, pues los “quejicas” es un tipo de personas que desgraciadamente abundan en nuestra sociedad. La narrativa de sus vidas la construyen con la conjunción “pero”, que hace función de borrador, lo que provoca que toda experiencia gratificante desaparezca de la pizarra de sus vidas. Y quedan anclados en el malestar y el sufrimiento.
Estas personas viven la vida como degustando un caramelo muy dulce pero que rápidamente escupen. Son como los “sufridores” de aquel mítico programa de TVE, Un, dos, tres… responda otra vez, que no podían disfrutar de los éxitos de sus familiares-consultantes. Son “sufridores” hasta en sus propios éxitos, ya que aunque como el rey Mida, todo lo que tocan se convierta en oro, son incapaces de disfrutar de sus logros.
Podríamos afirmar que estas personas viven de espalda al bienestar. Es como si el disfrute no les estuviera permitido. Pueden pensar que tras la dicha siempre ocurre una desgracia, o que no son dignos de la felicidad o se sienten extraños cuando todo les sale bien y tiene que tapar “la luz” para seguir en la oscuridad. Son como aquel enfermo que en fase terminal me decía: “mientras sienta dolor será señal de que estoy vivo”.
La solución no es fácil. Deberíamos aprender a disfrutar del momento presente,  de las cosas pequeñas y sobre todo a tener una visión panorámica de cada experiencia: ver los “contra”, pero también los “pros” de nuestra relación de pareja, de nuestra actividad laborar, de nuestro estado de salud (no solamente de enfermedad), y de un largo etcétera de situaciones de la vida. De esta forma el motor de nuestra vida será este otro lema: “Disfruto… luego existo”.

Tenemos 2 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Continuamente; por distintos cursos, talleres, exposiciones en el blog etc., están dándonos esta enseñanza: " valorar lo que tenemos" , así que Pepi va a quedarse con este comienzo y final de frase: "Disfruto.......luego existo", para seguir avanzando en valorar lo que tiene.

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  2. Ver el otro lado, la otra cara...es una importante invitación

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