La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
martes, 25 de agosto de 2015

La hormiga
y su carga

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

Hace unos días que nuestro amigo Teo de Badajoz (así es como se le conoce) me iluminó el día con un bello cuento, que hoy quiero compartir con vosotros. Dice así:
Una soleada mañana observando un hormiguero me llamó la atención una hormiga negra, de mediano tamaño que portaba una pajita que era seis veces más larga que ella misma. Caminaba despacio, como si le costara mantener el equilibrio. Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras. Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano, hasta que por fin la hormiga hizo algo insólito: con gran habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo. Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su pesada carga y continuó su esforzado viaje sin ningún inconveniente.
La hormiga, pues, supo convertir su carga en el instrumento de su salvación. De no haber tenido esa pesada carga no habría podido continuar su camino.
En la vida cotidiana, muchas veces, nos quejamos  de las dificultades o contrariedades que encontramos en nuestra existencia: incomprensión de algún ser querido, una enfermedad, una pérdida de trabajo, etc. y eso que en un principio puede ser nuestro abismo, si lo sabemos manejar, se puede convertir en puente para crecer psicológicamente y aprender en la dificultad.
Así, pues, podemos afirmar que toda adversidad situacional, biográfica o espontánea es un punto de inflexión de nuestra existencia humana, que puede ser peligro de ruptura, pero también de oportunidad, para desarrollar nuestras capacidades. Es lo que le ocurre al niño, que tras un proceso febril (por la estimulación de la hormona de crecimiento) siente que sus pantalones le quedan cortos, o que ya no necesita la silla para alcanzar el bote de colacao. Ha crecido con la enfermedad.
Todos conocemos a personas que han sabido transformar su “deficiencia” o “carga” en facilitador de su crecimiento personal: el amigo introvertido que se dedicó a la investigación, la persona que padece una discapacidad y se convierte en la alegría de la casa o el familiar que padece una cardiopatía y ahora es un brillante cardiólogo y un largo etcétera. Son personas que, como la hormiga,  su “carga” ha supuesto el trampolín para su presente bienestar. 

Tenemos 2 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Personas que ACEPTAN sus contratiempos, y además estudian la forma de sacarle el mayor rendimiento posible. Pepi

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  2. Me ha gustado mucho la reflexión del psiquiatra. Es lo que que yo estoy viviendo.

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