La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
jueves, 11 de junio de 2015

Tiene que ser así

Valentín Turrado

A ninguno nos gustan los problemas. Bueno, a algunas personas sí. En general, no. Y los sentimos como una amenaza, como un incordio.
Ante ellos tratamos de evadirnos o de huir. Pero los problemas siguen. A veces incluso se agrandan, como una bola de nieve que va cogiendo más peso, más amplitud, hasta asustar.
Y resulta que vienen a nuestra vida para ayudarnos y hacernos despertar. Y es un despertar molesto, incómodo y un poco a destiempo.
Por eso ante los problemas nos revelamos, nos quejamos e incluso cerramos lo ojos. Somos algo tontos.
Acoger los problemas. Los sinsabores. Los miedos y los temores. Y quedarse así, sintiéndolos, escuchándolos, mirándolos. Recibiéndolos como huéspedes.
Confieso que es difícil. Casi para nota. Pero no hay otra forma de afrontar la realidad que viene, que se impone, que nos remueve. tal vez no haya otra forma que abrirle la puerta e invitarla a tomar un café y a un diálogo abierto con lo que nos pasa.
¿Qué quieres de mi?. ¿A qué has venido a mi vida?. ¿Qué lección me traes?. Son preguntas necesarias que nos ayudan a ampliar nuestra mirada. Ninguna de ellas nos va a ahorrar dolor ni malestar, pero en nuestra realidad aparecerán duendes de esperanza. Que no es poco.
...

Tenemos 3 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Estoy de acuerdo en todo lo que dices sobre los problemas, pero creo que le falta algo al comentario. Una lectura rápida puede confundir el acoger los problemas con el inmovilismo, con la resignación. Está bien preguntarnos para qué aparece el problema, qué lección de aprendizaje trae consigo, recibirlo como huéspec, pero acto seguido creo que hay que ponerse manos a la obra y afrontarlo, luchar con cabeza para intentar darle solución, si es que tiene solución, sin obsesionarse. Yo a eso no lo llamo 'revelarse', lo llamo 'afrontar'. Tras ese paso previo del análisis, tan necesario, sin improvisar, aunque a veces la respuesta se requiere casi inmediata. Mi experiencia me dice que si quedo parado observando (escuchando) el problema corro el riesgo de que me asalte el miedo, me paralice y aparezca el bloqueo, el despiste, la tristeza y, a la postre, la depresión. Ante el problema yo le pondría la frase de Santa Teresa que he escuchado recientemente a alguien: "Determinada determinación". Quedarse sentando no hace desaparecer el problema. ¿Lo te parece Valentín Turrado?

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    1. Creo que es así como dices: aceptar y afrontar. Primer paso: acojo lo que viene a mi vida, aunque no me guste. Segundo paso: ¿qué hago ahora con eso que acojo?. Es el momento de la acción. Valentín

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  2. Esta muy bien este recordatorio que nos haces Valentin, Ante los problemas que se nos presentan en la vida tenemos que ocuparnos de resolverlos, enfrentarnos, aceptarlos y así vamos conociéndonos y creciendo.Pepi

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