Yo no he nacido para un rincón: mi patria es el mundo.
Séneca
miércoles, 15 de abril de 2015

Prejuicios

El rincón del optimista
Juan

No me gustan las multinacionales como esta. Imagina el motivo.
Cuando estudiaba Periodismo en Madrid tuve un profesor de Relaciones Internacionales, de nombre Rafael Caludch, que en su presentación el primer día de clase nos confesó que tenía varios prejuicios. No recuerdo más que uno, que no le gustaban las empresas multinacionales.
Aquel gesto de franqueza me gustó mucho en el docente, además de los diversos análisis que nos hacía al hilo de la actualidad de algunos países entonces en conflicto o en candelero por uno u otro motivo. Aquel primer día tuve también un presentimiento (otro día escribiré sobre los presentimientos), que era que nos caería ese tema en el examen final, pues no hacía parciales, como así ocurrió, y como me lo había estudiado aprobé el examen y la asignatura con un notable. Curiosamente, a mí tampoco me gustan las multinacionales como a mi ilustre profesor, por muchos motivos que no voy a entrar a detallar y como ejemplo diré que nunca he entrado ni he comprado en una tienda de Ikea, aunque cueste trabajo creer, por pura convicción.
Desde ese lejano 1989 me acuerdo mucho del profesor Calduch, sobre todo cuando se trata de reconocer prejuicios, esos que todos tenemos, aunque los neguemos sistemáticamente. Literalmente el prejuicio es una valoración que hacemos de algo o de alguien de forma anticipada, antes aún de conocerlo, si bien el concepto se ha asociado en la práctica a una actitud suspicaz u hostil hacia una persona o grupo, a quien asignamos cualidades negativas. Son sentimientos de desprecio en muchos casos irracionales, que no son reflejo de una realidad objetiva, sino de un sentimiento aprendido. Lo cierto es que los prejuicios existen. ¿Por qué consideré importante que mi profesor reconociera en público sus prejuicios, un gesto imitado por mí en muchas ocasiones? Porque me hace pararme a pensar, a darme cuenta de lo que me pasa por la cabeza cuestionando mi propia mente. Si parto del prejuicio de que me caen mal personajes como Hitler o Franco, quizá me caiga mal Rajoy o Merkel. Si, al contrario, odio a Marx o a Pablo Iglesias (el primero, el auténtico), seguro que no soporto a Zapatero ni a Sánchez. No importa lo que hagan o lo que digan, la estructura del pensamiento es inamovible, es así, no me bajo de la burra, me caen fatal. Nuestros prejuicios hacen que seamos capaces de culpar a ciertas personas de ser responsables de casi todo, hasta de la muerte de Manolete.
Una curiosidad: hace aproximadamente un año que tenía escrito un apunte con este mismo título, prejuicios, pendiente de enviar a los coordinadores del Blog del TE, pero me entró un virus en el ordenador que me estropeó muchos documentos, entre ellos este. Creo que el sentido de aquel texto que quedó encriptado para siempre es el mismo que hoy estás leyendo. Llevo un año pensando quién sería el culpable de esa fechoría y he llegado a la conclusión de que fue el mismo maligno, y si no seguro que fue obra de Rajoy. Aunque también puede darse el caso de que, quizás, quién sabe, a lo peor se trate de uno de mis muchos prejuicios.
Asín sea.

Tenemos 5 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Esos prejuicios que dices que tienes y que tenemos todos no nos hacen bien, porque juzgamos a las personas y además equivocadamente, ocurre así a diario, el aspecto, el grupo al que pertenece, la pinta, cómo lo dice...nos van dando "prejuicios" o "etiquetas" que, para nuestro bien, podríamos ir eliminando. El TE me ha enseñado que puedo trabajar eso. Hoy me lo ha recordado el optimista. Por cierto, ¿eres optimista? Jairo

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    1. Intento serlo, Jairo y cuando me pongo pesimista recuerdo que soy el optimista y cambio de chip. De todos modos mi misión aquí es trasmitiros optimismo, intentar que quien me leáis os contagiéis un poquito. ¿Lo consigo contigo?

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    2. Generalmente sí, pero hay veces que no tanto.

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  2. "Nuestros prejuicios hacen que seamos capaces de culpar a ciertas personas de ser responsables de casi todo, hasta de la muerte de Manolete". ASI ES.

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  3. Tendemos a poner etiquetas a todo y todos.
    Dejarnos fluir en todo lo que nos ocurre y acontence es decir vivir el presente

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