La peor discapacidad es no darnos cuenta de que todos somos iguales.
Pedro Miguel Lamet
lunes, 30 de marzo de 2015

En recuerdo de Sole, la Nube Dorada


El día 19 de marzo, a las 7 de la tarde, en la sede del T.E. de León se celebró un acto en recuerdo de Sole, voluntaria y coordinadora, recientemente fallecida y de todos los seres queridos de la familia del T.E. Que todos estén en paz y en calma.
En su recuerdo, Valentín Turrado, redactor de este BLOG, le dedicó esta historia a nuestra compañera y amiga, NUBE DORADA.
Las fotografías son de nuestro compañero Jesús Aguado


A Nube Dorada le gustaba, rostro a tierra, recitar la  vieja letanía compuesta, verso a verso, por el  brujo de la tribu de los sioux Teton-wan, apodado Yerba sanadora. Cada vez que amamantaba a sus dos hijos en el silencio del día recitaba la misma plegaria. Y esas mismas letras deletreaba mientras bailaba la danza del fuego celebrando su unión, con Huracán Dulce.
“OH GRAN ESPÍRITU, CUYA VOZ OIGO EN EL VIENTO
Y CUYO RESPIRO DA VIDA A TODO EL UNIVERSO.
ÓYEME , SOY PEQUEÑA Y DÉBIL, UNA DE TUS MUCHOS HIJOS.
DÉJAME PASEAR EN LA BELLEZA Y PERMÍTEME QUE MIS OJOS SIEMPRE PUEDAN CONTEMPLAR EL ROJO Y EL PÚRPURA DE LA PUESTA DE SOL.
HAZ QUE MIS MANOS RESPETEN LAS MUCHAS COSAS QUE TUS HAS CREADO Y AGUDIZA MIS OÍDOS PARA OÍR TU VOZ.
HAZME SABIA PARA COMPRENDER TODAS LAS LECCIONES QUE TU HAS ESCONDIDO DETRÁS DE CADA HOJA Y DE CADA ROCA.
DAME FUERZA NO PARA SER MÁS FUERTE QUE MI HERMANO SINO PARA LUCHAR CONTRA MI PEOR ENEMIGO: YO MISMA.
Y HAZME SABIA PARA IR ANTE TI CON LAS MANOS LIMPIAS Y LA MIRADA RECTA, PARA QUE CUANDO LA LUZ SE DESVANEZCA, COMO SE DESVANECE LA PUESTA DE SOL, MI ESPÍRITU PUEDA LLEGAR ANTE TI SIN NINGUNA VERGÜENZA”.
A Nube Dorada le daba paz y sosiego estas palabras embrujadas que Yerba sanadora había grabado en cada uno de los habitantes de la llanura. Se embebía en su espíritu y  Huracán Dulce pensaba que el rito de calumet, en donde la pipa de la paz pasaba de boca en boca, la trastornaba y la elevaba al hogar de la misma luna.
Nube dorada no era una mujer complicada. Cabalgaba en su yegua blanca y gris como el mejor de los guerreros, gritando palabras extrañas, que parecía que tenían armonía y equilibrio. Como así era. Como así sigue siendo.
No era de mucho hablar. Sólo una vez en el consejo de los siete fuegos, reunidas todas las tribus de la nación sioux, se oyó su voz, algo distante y tímida:
“Ya sé que la palabra de la mujer  no debe ser pronunciada en la asamblea de los Jefes y si así lo quieren la guardaré para siempre en la Tipi, la tienda de campaña hecha con palos de madera y pieles, donde guardamos todas nuestras pertenencias”.
El Gran Jefe, Mente Veloz, dejó en el aire su decisión: “Que hable Nube Dorada si algo tiene que decir”.
“Hagamos la paz con hombre blanco. A este pueblo le sobran cabelleras de gente malvada que nos atravesaron con sus armas de fuego y mataron a nuestros guerreros. Vayamos a su encuentro con un palo y una tela blanca en señal de paz. Que hay tierra para todos”. Estas fueron sus palabras.
El pueblo siuox quedó sorprendido por la voz pausada, pero atrevida, de Nube Dorada, voz demasiado amable para un pueblo aguerrido y recio.
A Nube Dorada le gustaba madrugar, levantarse mucho antes de que los primeros rayos del día desdibujaran las siluetas de las montañas. Huracán Dulce siempre creyó que era para atizar fuego y dar calor a sus hijos, así como preparar la comida preferida de la aldea, el “pemmican”, cerezas con carne seca y salada. Nube Dorada montaba en su yegua y galopaba hasta el comienzo del río Bighorn. Allí hacía su ritual envuelta en lodo y emitía lo sonidos del viento y emulaba el vocerío de las bestias salvajes e invocaba al Gran Espíritu, Wakan Tanka y allí, en aquel lugar alejado de la aldea y sin haber despertado el día, se sumergía en las aguas tiernas y frías del vado del río. Nunca lo dijo a nadie, pero allí se sentía hija de la gran madre naturaleza, en una unidad extraña  y desconocida. Una con las rocas y los árboles, con los búfalos, su sustento principal, y con las aves de rapiña. Una con la luz y con el asombro. Fue allí, en un amanecer venturoso, cuando decidió pedirle la palabra al Gran Jefe, Mente Veloz.
Cuando le llegó la hora de acostarse para siempre con el viento pidió que la llevaran a las orillas del Río Bighorm y la dejaran descansar, llevaba por sus aguas, como en un arrullo dulce y suave. Desde entonces los indios sioux dicen que la claridad de las aguas es un regalo que Nube Dorada da amablemente a todos los habitantes de la tierra y que su espíritu permanece donde hay luminosidad y ternura.
Cuenta la leyenda que el compañero de Nube Dorada, Huracán Dulce, y sus dos hijos, años más tarde, escribieron al Presidente de los Estados Unidos, la gran carta de un pueblo derrotado:
“El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras….
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos…”
Y se cuenta que todas aquellas palabras  no eran sino un recuerdo de Nube Dorada y que fueron escritas por los suyos para no olvidar su espíritu bondadoso.

Tenemos 2 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Para Pepi fue un acto sencillo, emotivo y entrañable recuerdo a Sole. Una vez más gracias Valentín por la organización.

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  2. Para Pepi fue un acto: sencillo, emotivo y entrañable recuerdo a Sole. Gracias una vez más Valentín por la organización.

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