Lo que nos anula en el vivir diario es la rutina, lo que nos hace vivir con sentido son los proyectos y la creatividad.
Pedro Ortega Ruiz
viernes, 29 de noviembre de 2013

EL RINCON DEL PSIQUIATRA


La fábula del “Aguila y la gallina”

            Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas. Creció como una gallina.

            Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila”. “De hecho, dijo el hombre, es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras”.

            “No, respondió el naturalista, es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.

            “No, insistió el campesino, ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.

            Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tus alas y vuela”. El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.

            El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformó en una simple gallina”.

            “No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.

            Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró: “Águila, ya que tú eres un águila, abre tus alas y vuela”. Pero cuando el águila vio allá abajo a las gallinas picoteando el suelo, saltó y fue a parar junto a ellas.

            El campesino sonrió y volvió a la carga: “Ya le había dicho, se volvió gallina”.

            “No”, respondió firmemente el naturalista, es águila y poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar por última vez. Mañana la haré volar”.

            Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron muy temprano. Tomaron el águila, la llevaron hasta lo alto de una montaña. El sol estaba saliendo y doraba los picos de las montañas. El naturalista levantó el águila hacia lo alto y le ordenó: “Águila, ya que tú eres un águila, ya que tu perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela”.

            El águila miró alrededor. Temblaba, como si experimentara su nueva vida, pero no voló. Entonces, el naturalista la agarró firmemente en dirección al sol, de suerte que sus ojos se pudiesen llenar de claridad y conseguir las dimensiones del vasto horizonte. Fue cuando ella abrió sus potentes alas. Se levantó soberana sobre sí misma. Y comenzó a volar a volar hacia lo alto y a volar cada vez más a las alturas. Voló. Y nunca más volvió.
            La moraleja de esta historia es simple. En muchas ocasiones reaccionamos bajo el peso de nuestra “mochila psicológica”: frustraciones, desesperanzas, experiencias negativas, etc. que nos hace pensar que no podemos levantarnos y seguir caminando por la vida. A veces, podemos pensar que la solución está fuera de nosotros (los padres, la pareja, etc.) y no nos damos cuenta que a lo mejor “somos águilas”, que podemos elevarnos sobre el cielo y sobre todas nuestras deficiencias y problemas.

            En ocasiones el entorno (familia, escuela, amigos) pueden actuar como el gallinero de nuestro cuento y potenciar nuestras limitaciones y contagiarnos su falta de energía o de entusiasmo. Es posible, incluso que nos pueda pasar como al águila, que hasta que no llegó el momento de crisis (fue lanzado desde una alta montaña) no levantamos el vuelo y nos elevamos por encima de todo lo que nos limita y frena nuestro crecimiento psicológico. En ese momento nos convertimos en  águila y dejamos de ser gallina; en ese momento conseguimos poner alas a nuestra mochila de la vida.

            El mensaje de este relato es claro: de cada uno depende ser águila o gallina, es decir, podemos seguir lamentándonos de la pesadez de nuestra “mochila psicológica”, o dar un vuelco a nuestra vida y comenzar a ser uno mismo, con nuestras deficiencias, pero también con nuestras posibilidades.

Alejandro Rocamora Bonilla

Psiquiatra

Tenemos 9 comentarios , introduce el tuyo:

  1. Para mí lo interesante es tener conciencia de dónde estás o dónde puedes estar en cada momento, si en el gallinero o en el cielo, para poder elegir libremente dónde queires estar, porque volar en libertad y en solitario siempre puede llegar a resultar tedioso y frío, sin el calor y la comprensión de los demás, por eso a veces uno quiere estar junto al resto de las gallinas, alimentándose física y mentalmente, pero sabiendo que el gallinero debe estar abierto para salir cuando uno quiera, que no es la cárcel que te obliga a estar allí. Yo quiero ser águila y gallina a la vez. Gracias Alejandro por traer hoy este ejemplo que nos hace pensar sobre lo que somos y cómo vivimos.
    Juan.

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    1. Mejor volar solos/as que mal acompañados/as, lo dice el refrán y ya sabes que "a buen refrán" no hay pan duro.

      Y ... o eres águila o gallina, pero todo, todo??? o pino o alcornoque??? si eres una cosa no puedes ser otra, eso dice Lallana y me están saliendo unos rizos de rizar este rizo!!!! que el desrizador que lo desrice buen desrizador será. A ver.. quién se atreve!!! ¿águila? o... ¿gallina????

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  2. Bonito mensaje : "de cada uno depende ser águila o gallina". Es verdad. Es verdad. Lo siento así. Yo quiero volar por encima de la mediocridad, los lamentos, las envidias, las corrupciones, las dependencias, las miopías, los salvadores, los comodones, lso anticonflictos, losaquíniosepuedehacernada.. Sí, volar, volar..

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    1. Pues yo no quiero volar "por encima" de nadie, prefiero ir al ritmo de los que son como yo, mediocres al fin y al cabo y aceptando.. que ya cuesta.. nuestras mediocridades.

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  3. Somos libres, somos libres, somos libres...¡¡cuando nos vamos a dar cuenta!! Qué vida tan maravillosa tenemos por delante, no le pongamos límites, no esperemos, solo vivamos, vivamos, vivamos...porque somos libres. Norecic

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    1. ¿Te sientes tan "libre" como dices? ¿No eres esclavo/a de nadie? ¿Ni siquiera de ti mismo/a? ¿de tus arrebatos o ímpetus que te hagan estrellarte por ese "no saber esperar"?

      No me metas en tu cesto de "somos", habla o escribe por ti mismo/a, deja que yo decida por mí, si soy o no.

      La ignorancia es muy atrevida Cicerón y yo también te pongo un límite, será ...¿ porque soy? o... ¿porque no soy libre?

      "To be or not to be" ahí está Hamlet (ser o no ser) y su duda existencial.

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  4. Yo siempre quiero seguir siendo "águila", seguir teniendo la fuerza de voluntad, y la valentía para superar cuando se me presentan: mis miedos, angustias, tristezas, y crecer, crecer, crecer.......Tener la "mochila" lo más ligera posible, y que cuando me confunda de camino, seguir buscando el que me lleva a la paz, serenidad, tranquilidad, felicidad.....Pepi piensa que este trabajo lo tendrá que hacer hasta el final de sus días.

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  5. ¡Anda! ¿las gallinas vuelan? y ...¿hablan?. Ah, no! que era un águila, no nos confundamos.

    No parece, señor Rocamora, que la moraleja sea tan "simple" y es que donde hay debate hay discernimiento o éste puede ser ampliado para mejor sabiduría y riqueza de todos/as y para eso son las fábulas, nos ayudan a buscar, a indagar, a discurrir...a no estar quietos/as a tener más visiones, porque teniendo más de una ¿para qué conformarme con una "simple" moraleja?

    ¿Aceptamos a la gallina como animal de compañía? o ¿mejor al águila?

    Pitas, pitas, pitas, pitas ..... gallinitas.

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  6. Ay, que nos cuidan como a pollitos, nos educan como a gallinitas y luego ya puedes volar como águila si no quieres quedar desplumado...o vivir como gallina ponedora a cambio de pienso y medio metro cubico de posibillidades. Tampoco es mal plan volar alto cuando hay sol y refugiarse al gallinero con la luna

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